Vivir en la sombra y con un mega

En Galicia todavía quedan zonas donde la cobertura del móvil y la llegada de Internet están lejos de la normalización


sober / la voz

Ramón Marcos vive en Vilachá, una parroquia del municipio lucense de Sober en plena Ribeira Sacra con su mujer y sus dos hijos adolescentes. Los cuatro tienen móvil y cuando están en casa hay un problema porque los cuatro móviles tirando de la misma señal de wifi, que solo aporta un mega son, claramente, un esfuerzo desmedido para tan poco Internet: «Los chavales nos piden un Internet de calidad -dice la mujer de Ramón-, pero de lo que no se acuerdan es de que hemos estado bastante peor».

Al menos, mientras están por casa fedellando con el móvil no les interrumpen las llamadas, porque solo hay una habitación en toda la casa con cobertura. Cuando tienen que llamar a alguien, deben ir allí. O salir de casa unos metros en dirección al sur. «Entonces es cuando el móvil empieza a pitar -explica Ramón- porque entran todas las llamadas perdidas». Para demostrarlo muestra su buzón donde se agrupan las llamadas: «A veces la devuelves y resulta que es para venderte algo. El colmo».

Lento avance tecnológico

No es un caso único en el Concello de Sober. Dice su alcalde, Luis Fernández Guitián, que de vez en cuando reciben quejas por este tipo de problemas que, afortunadamente, cada vez son menos. El ayuntamiento (2.400 vecinos) ha perdido más de la mitad de su población en los últimos veinte años aunque, en contra de lo que ocurre en la mayoría de los municipios del interior, ha sido capaz de desarrollar alternativas económicas, singularmente alrededor de la industria vitivinícola y del turismo que ha generado el redescubrimiento de la Ribeira Sacra. ¿Le ha acompañado la red de teléfono e Internet? A veces sí y a veces no tanto.

En la bodega Regina Viarum, en Doade, una de las más visitadas de la zona, ya que hay varias iniciativas turísticas a su alrededor, el teléfono móvil lo tienen ubicado en un punto estratégico de la instalación donde sí hay cobertura. Y funciona como una especie de centralita que redistribuye las llamadas. Pero nadie lo mueve de ahí. Por el resto de la bodega, el móvil no funciona. Tampoco se recibe cobertura en la bodega Cruceiro de Ramón Marcos. Si en su domicilio hay un punto único de cobertura, en la bodega no hay ninguno. En las dos industrias consideran que este problema no está perjudicando el desarrollo de sus negocios. Se lo toman como un inconveniente, pero como han vivido situaciones mucho peores se conforman y esperan que el progreso vaya llegando. Lentamente, pero que les alcance. «¿4G? ¿Qué es eso?», bromea Ramón Marcos, mientras poda las viñas a un tiro de piedra del curso del Sil.

Tomás López es otro bodeguero y también alfarero: «Eu nunca quixen tecnoloxía ata que fun a traballar á ribeira», dice. Una vez, cuenta, resbaló y estuvo a punto de precipitarse hasta el río. Afortunadamente, se recuperó enseguida, pero sale a relucir el caso de otro vecino que se rompió una pierna y, por no tener cobertura, estuvo a punto de asfixiarse al sol sin poder pedir auxilio. En casa tiene contratada una tarifa para tener Internet, llamadas y televisión: «Como haxa que enviar algún documento cun pouco de peso xa temos que desconectar algo da wifi». El mega del contrato da para lo que da. Hay muchos lugares en Galicia donde el acceso inmediato a las páginas de Internet todavía es ciencia ficción y donde la cobertura de móvil tampoco ayuda.

Con todo, circular hoy por las laderas de la Ribeira Sacra ya no es lo que era. Hoy es fácil, ante la fascinación del paisaje, sacar una foto con el teléfono y enviarla por WhatsApp o subirla a cualquier red social. Según la zona y según el día, la foto tardará un poco más, pero cualquier atasco se soluciona moviendo el teléfono unos metros.

No toda la ribeira está tan bien conectada. Hay zonas orográficamente difíciles, pero hasta la navegación con los catamaranes que surcan el Sil es compatible con la cobertura... si se tiene la paciencia suficiente.

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