El nuevo mejor amigo del hombre

Los drones se lanzan a la conquista del deporte de aventura, con modelos que, conectados a un dispositivo de muñeca, siguen al usuario grabando todos sus movimientos


El CES, la mayor muestra de electrónica de consumo del mundo, fue este año puro espectáculo: televisores de altísima definición, cascos de realidad virtual y drones, muchos drones. Parece que las aeronaves no tripuladas despegarán de una vez por todas este 2016. Solo en lo que va de año, la constructora Sando ha anunciado que recurrirá a estos vehículos para diseñar y ejecutar obras civiles; MRW, que -al igual que Correos y Amazon- ensaya con ellos repartos de paquetes en zonas de difícil acceso; y la Catedral de Valencia, que graban en su interior un corto cinematográfico. Recogen imágenes de eventos, se usan en situaciones de emergencia, para acceder a áreas peligrosas, para prevenir y controlar incendios forestales. Pero, ¿qué hay de su uso privado? ¿Para qué querría un particular estos artefactos voladores?

Para entretenerse. Porque la principal atracción de un dron radica en su potencial para captar imágenes exclusivas. Tiene este avioncito una perspectiva que nadie nunca había explorado hasta ahora, imposible, exclusiva, una golosina para cualquier aficionado al deporte de aventura. Es quizá en esta disciplina donde más han calado. Los devotos de las emociones fuertes, entusiastas de las GoPro y las Polaroid Cube, tienen nuevo antojo: aeronaves que les siguen y capturan todos y cada uno de sus movimientos, también denominadas cámaras personales voladoras.

Vimos por primera vez a Nixie en el CES 2015, hace justo un año. Para su puesta de largo, sus creadores Christoph Kohstall y Jelena Jovanovic desplegaron todos sus encantos en directo. Lo echaron a volar. El artilugio -de momento, todavía un prototipo- es un dispositivo de muñeca desde el que, al pulsar un botón, se eleva un pequeño dron, capaz de tomar imágenes desde el aire y regresar, a continuación, junto a su dueño. Enfoca, sabe dónde está el usuario, no desvía su atención y, a los pocos minutos, vuelve a su punto de origen. Ofrece varias opciones, desde vídeo hasta fotografías, de panorámicas a selfies.

A su misma especie pertenece Lily, que no es una maqueta, que ya es real. Sigue el mismo patrón: una cámara montada sobre un dron que se guía por GPS. Rastrea un dispositivo, que el propietario debe llevar en la muñeca o en el bolsillo, y de esta forma se mantiene siempre a una distancia prudencial, inmortalizando todos sus movimientos, afinando cuando el usuario cae o salta -lo que abre la puerta a posibles usos en grabación y retransmisión de encuentros deportivos-. Lily Robotics planea, además, incorporar en su artilugio un sistema de reconocimiento facial, para efectuar un seguimiento todavía más preciso.

Este año el protagonista de esta estirpe será Hexo+, otro volador fiel, bien armado, con cámara que se maneja con una aplicación y la capacidad de desterrar a los kamikaces, que se pegan a los talones de los deportistas más intrépidos para hacerse con sus mejores secuencias.

Transportar personas 

Se llama Ehang 184 y es de factura china. Es el primer dron capaz de transportar pasajeros, una aeronave autónoma, sin piloto presencial a sus mandos, que vuela gracias a un ordenador. Alcanza una altura de hasta 3.505 metros y una velocidad de 101 kilómetros por hora. El tiempo del viaje: 23 minutos.

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