Más allá de 140 caracteres


No se anunció oficialmente ni se puso fecha al cambio, pero una imagen publicada estos días por el cofundador de Twitter, con un texto de 1.325 caracteres, deja entrever que la red social, ahora sí, se prepara para decir adiós a la que el directivo aún considera «bella limitación» de 140 caracteres. Un cambio valiente y arriesgado que «ataca» su seña de identidad.

Algunos tuiteros empedernidos, e indignados, afean la ampliación. Defienden que el atractivo de Twitter radica, precisamente, en sus restricciones y en la mayor diferencia con otras redes (algo que perdería). No advierten, sin embargo, que a la plataforma (con continuos síntomas de estancamiento) no le queda otra opción que mover ficha. El hecho de que pueda alterar su rasgo fundamental probaría su actual debilidad. La herramienta, a pesar de que hoy parezca imprescindible, o se flexibiliza, se simplifica, se ordena y aumenta la interacción con sus usuarios, o podría (sin alarmismo) estar condenada a desaparecer.

La medida tiene sentido (es curioso que Twitter admita varios formatos multimedia pero no unas cuantas palabras más) y, sobre todo, un fin (no haría falta salir de ella para lograr una información completa). En su contra juega la inevitable pérdida de personalidad y el temor a que el cambio sea más cosmético que efectivo.

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