Las banderas de la discordia


Fue una respuesta rápida, exitosa y, en principio, políticamente correcta pero que no gustó, ni de lejos, a todos los usuarios. Facebook, tras los ataques de París, permitió a sus seguidores superponer la bandera francesa en su foto de perfil. También habilitó un check para que los parisinos pudieran anunciar que estaban bien, una herramienta solo usada hasta ahora en desastres naturales, y no en atentados, como el que solo un día antes había dejado 43 muertos en Beirut. Un agravio que derivó en ruidosa indignación. Varios blogueros, con alegatos celebrados, recriminaron a la firma no haber ofrecido la enseña de Líbano, ni la misma función.

Una reclamación, justificada, que obligó a la plataforma (que aspira a ser global) a dar un paso adelante, anunciando que activará estos servicios ante catástrofes humanas y reconociendo implícitamente su error. La polémica, de todas formas, fue más allá al reavivarse el debate (siempre latente) sobre la disparidad en el tratamiento de las tragedias. Una relevancia que parte de la proximidad, de la notoriedad pero, también, aunque cueste reconocerlo, del interés colectivo. Una resonancia que quedó clara en París. La principal razón que dio Facebook (sea o no cierta) para justificar su celo fue la enorme actividad que estos ataques sí produjeron en la red social.

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