Troll de partido, nueva profesión


Las municipales consolidaron a Twitter como canal de propaganda. Los partidos del ala ni-somos-de-izquierdas-ni-de-derechas apelaron a la dialéctica de los 140 caracteres ante la ineficacia de los demás. En el barullo surgieron unos personajes curiosos: los trolls de partido. Tipos escondidos bajo un seudónimo, dedicados al acoso y derribo de todo lo que fuera contra su formación. Desde los políticos rivales a los periodistas, pasando por cualquier opinador accidental. Al enemigo, siempre palos.

En principio iban a la par que sus líderes. Luego, cuando a los elegibles ya no les salía estratégicamente a cuenta estar dando la matraca en Internet, la ametralladora de tuits quedó en manos de la infantería. Al final, en muchos casos, la nueva política venció. Y los trolls de partido se sintieron realizados. Sus esfuerzos habían merecido la pena.

No contaban con el contagio. Esa discutible manera de presionar al rival no les pertenecía en exclusiva. No han pasado ni seis meses desde entonces y solo hay que echar un vistazo en el Twitter para constatar una explosión de trolls de los partidos que sí se definen de izquierdas y, sobre todo, de derechas. Arrean con la misma ironía hiriente. Agreden con el mismo gusto por el ataque personal. Y se ocultan en el mismo anonimato.

Miedito dan las generales con un panorama así.

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