¿Duermes con tu pareja o con tu tableta?

Un estudio revela que el uso de los dispositivos digitales está dañando las relaciones ya que hay parejas que se envían emoticonos pero no cruzan una palabra antes de irse a la cama


Redacción

¿En qué medida la tecnología está afectando a nuestras relaciones amistosas y familiares? ¿Cómo influye nuestra dedicación a los dispositivos móviles en nuestra vida amorosa? Dar respuesta a estas dos cuestiones no es sencillo. La tecnología, convertida ya en un agente más de nuestra vida, es un arma de doble filo; una herramienta útil y eficaz, que nos permite estar permanentemente informados y comunicados, y, al mismo tiempo, una vía de escape, de desconexión, una ventana virtual a la que asomarse y romper el contacto físico. Hoy, ilustraba The New York Times este miércoles con un reportaje sobre el tema, hay parejas que hacen la compra juntos a través del teléfono, se mandan continuamente emoticonos con forma de corazón, pero no cruzan ni una sola palabra en la cama antes de dormir. Toda su atención está en la pantalla encendida.

Suele existir, además, un desequilibrio en cuanto al uso, un desajuste en la balanza que va fracturando poco a poco los cimientos de las relaciones. El diario estadounidense se hace eco en su análisis de un estudio publicado el mes pasado en la revista International Journal of Neuropsychotherapy que revela que, cuando uno de los dos miembros de una relación recurre más que el otro a sus dispositivos -smartphones, ordenadores o tabletas-, hace que la segunda persona se sienta ignorada e insegura. El 25 % de los usuarios móviles que mantienen una relación, creen que su pareja está distraída con el teléfono cuando están juntos. Pero hay más. El 8 % asegura que discuten sobre la cantidad de tiempo que uno de los dos pasa en línea.

¿Cuál es la solución a esta nueva realidad de pareja, cada vez más extendida, cada vez más habitual? The New York Times se emplea a fondo para dar alguna pautas paliativas. Una buena forma de restablecer el equilibrio, indica el autor del texto, es organizar salidas en pareja que no impliquen dispositivos móviles, dejando el teléfono en casa, por ejemplo, o escogiendo un plan en algún lugar fuera de cobertura y sin red. El terreno más peligroso es el propio hogar. En este caso, los expertos recomiendan crear zonas libres de dispositivos tecnológicos, es decir, establecer que, por ejemplo, no entre ni un smartphone, ni una tableta ni un ordenador en el dormitorio o en el salón. ¿Sencillo? No tanto. ¿Puede uno de los dos leer un libro en un iPad mientras el otro lo hace en formato físico? ¿Qué pasará con los relojes inteligentes en este territorio analógico? ¿Y la alarma del móvil?

En la otra cara de la moneda están los defensores de la tecnología como factor enriquecedor y fortalecedor de las relaciones. Se colocan a este lado de la línea los que consideran que consumir contenidos digitales, como ver películas o series en tabletas y portátiles, acerca todavía más a las parejas, genera temas de conversación y, a fin de cuentas, se convierte en un plan común más, como cualquier otro. Y ¿qué opinan los expertos que estudian los efectos de las rutinas tecnológicas en las relaciones afectivas? Ni para uno, ni para el otro. Consideran que los contras de estas prácticas no son mayores que sus beneficios. Que la clave está en encontrar el equilibrio, el contrapeso, la sensatez. Lo ideal es que las parejas establezcan unas normas de conducta, o, en su ausencia, actúen conforme a unos principios no escritos de respeto y mesura. Este código funcionará. Y lo hará durante un tiempo. Hasta que aparezca la nueva generación. No la humana. La tecnológica.

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