A Facebook no le va la retranca


El supuesto enfado de muchos usuarios por no lograr identificar a simple vista qué publicaciones de Facebook son una parodia ha empujado a la red social (¿en aras de la transparencia?) a ponérselo fácil. Un botón distinguirá cuáles son falsas.

El aviso evitará que los lectores crédulos caigan víctimas de noticias imposibles («Movistar cobrará las llamadas al interfono»). También aplacará sus virulentas quejas al no captar las bromas y sufrir escarnio público tras compartirlas como reales. A cambio, se privará a los fervientes seguidores de publicaciones satíricas, como El Mundo Today, del placer de comprobar cómo informaciones disparatadas son tomadas en serio, también por los medios. En Colombia dieron este titular por válido: «La infanta Elena pide que la imputen como a su hermana».

El gran número de usuarios que han quedado en evidencia ante este universo paralelo de farsas, que juegan de forma exitosa a darle una vuelta a la realidad, podría justificar la medida. Pero,¿no se subestima así su capacidad crítica?

Facebook induce de forma paternalista a una lectura aún más mecánica de las noticias, libre de atención e interpretaciones. Olvida que la base de este humor está en la complicidad y en la inteligencia del lector. La sátira, menos efectiva al ser confesada, sirve a los usuarios para evaluar su rigor.

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