Whatsapp en poder de Mark Zuckerberg

Los dos cofundadores pidieron en su día trabajo a Facebook, que no quiso contratarlos


La Voz

Mayo del 2009. Un ingeniero con un buen currículum y dilatada experiencia en el mundo de las nuevas tecnologías llamado Steve Acton busca trabajo en Twitter. Sin suerte. Tres meses después, el 3 de agosto, sufre su segundo revés en su intento de búsqueda de empleo y escribe un tuit: «Facebook me ha rechazado. Era una gran oportunidad para conectar con gente fantástica. Habrá que buscar una nueva aventura vital».

La buscó y la encontró. Acton se integró en una iniciativa que ya había puesto en marcha (y ya había bautizado) un antiguo compañero de trabajo en Yahoo!, un ingeniero de origen ucraniano llamado Jan Koum que también aspiró en su día a trabajar para Facebook. Redefinieron juntos un modesto (en medios) proyecto de aplicación para móvil que en solo cuatro años ha acabado siendo líder mundial de mensajería telefónica, ha jubilado a los carísimos sms y ha acabado formando parte de la vida de mucha gente. Por supuesto, estamos hablando de Whatsapp.

Ya conocen la noticia. Acton ha acabado conectando con aquella «gente fantástica» de Facebook. Él y Koum han vendido Whatsapp a Mark Zuckerberg por una cifra astronómica: 19.000 millones de dólares (13.850 millones de euros).

Según Forbes, el hombre al que dijeron no en el departamento de Recursos Humanos de La Red Social se llevará 3.000 millones de dólares. Y es que tener un programa para móvil que utilizan más de 450 millones de personas de todo el mundo y que sufre un crecimiento explosivo (aumentaron 100 millones de usuarios en los últimos meses) vale mucho dinero. ¿Tanto como ha pagado la mayor red social del planeta por una empresa que tenía hasta ahora 55 trabajadores en nómina? ¿Es exorbitado el precio pagado por Whatsapp?

Tranquilidad en el mercado

Al anunciarse la compra los mercados no castigaron a Facebook por la carísima operación, la mayor efectuada en la historia reciente de las nuevas tecnologías. Incluso las acciones de la red social subieron. Conviene recordar que Google pagó en octubre del 2006 unos 1.650 millones de dólares por Youtube (1.300 millones de euros). Y que la propia empresa de Zuckerberg se hizo con Instagram por 1.000 millones de dólares en el 2012.

En esas dos operaciones se pagaron precios más altos que lo que indicaban las valoraciones y los niveles de ingresos. Pero salieron bien. Tanto Youtube como Instagram han crecido a muy buen ritmo desde su adquisición. Ambas fueron compras estratégicas basadas en expectativas futuras para ocupar posiciones clave en servicios esenciales para la población de la sociedad de la información y dirigidas a evitar que la competencia se hiciera con ellas. En este contexto, la rumorología apunta que también existía una oferta de Google por Whatsapp que rondaba los 10.000 millones.

La clave es el móvil

Facebook gana alcance global con la compra. La compañía de Zuckerberg es muy fuerte en Estados Unidos. Y Whatsapp tiene una buena presencia en mercados como Europa occidental, México, India, o Brasil, según el New York Times.

En España Whatsapp es un servicio casi universal. En el 2012, según un estudio del que se hizo eco la revista tecnológica Techcrunch, acaparaba el 97 % del mercado de las aplicaciones de mensajería y el Messenger de Facebook se conformaba con el 13 %. No es de extrañar que la palabra wasap aspire a entrar en el diccionario de la RAE.

La situación es muy diferente en Estados Unidos, donde la nueva joya de la corona imperial de Zuckerberg apenas tenía ese año presencia en el 7 % de los smartphones.

Facebook se la juega con Whatsapp. Y no solo porque haya pagado una cantidad astronómica, sino porque la operación va a limitar su capacidad de nuevas adquisiciones. Ha comprado caro, y solo el tiempo dirá si le saldrá bien, pero los analistas dicen que se ha movido en la dirección correcta. No hace falta ser un experto para saber que el futuro de Internet está en el móvil (la publicidad en smartphones facilitó a Facebook ganar más dinero que nunca en el 2013). Y ese es un universo donde reina la popular aplicación de Koum y Acton (ambos con notable experiencia en publicidad), que creció gracias al boca a boca digital, sin anuncios ni grandes campañas de marketing, y ya forma parte de la vida cotidiana de la gente en diferentes lugares del planeta.

En el blog oficial de Whatsapp ponen varios ejemplos de la utilidad del programa: amores reencontrados, rescates en la montaña, activismo político... El propio Koum se atreve a proclamar que mejora la vida de las personas que lo emplean. Y nadie en su sano juicio podría discutir su utilidad. Aunque se pueda vivir sin él.

La pesadilla de la privacidad

La noticia de la venta de Whatsapp provocó un incendio en la Red. Twitter hirvió con comentarios críticos que evidenciaron que, mucha gente no se fía de Facebook. Y la razón no es que la película La red social haya trazado un retrato oscuro de Mark Zuckerberg, multimillonario y poderoso cuando aún no ha cumplido 30 años, sino las dudas sobre el control efectivo de la privacidad y sobre cuál va a ser el destino de los datos personales que ahora guarda Whatsapp.

El regulador de privacidad alemán, Thilo Weichert, ha aconsejado a todos los usuarios que buscasen alternativas más seguras a este servicio de mensajería instantánea para mantener conversaciones.

Muchos usuarios no controlan qué partes de su actividad en Facebook son accesibles para todo el mundo. Y las revelaciones sobre el espionaje masivo de la agencia estadounidense NSA en la Red han provocado una oleada de desconfianza sobre una compañía que, como se manifestó en los trending topic del 19 de febrero, no goza del favor popular. ¿El descontento se traducirá en una desbandada? Habrá que esperar para comprobarlo.

¿Qué será de Whatsapp?

Tanto Zuckerberg como los responsables de Whatsapp han dicho que el cambio de dueño no comportará nuevas políticas en un servicio que, según las proclamas, seguirá siendo baratísimo (0,79 euros al año) y que no incluirá publicidad. ¿Cuánto durará esta situación? Pues depende de la voluntad de la nueva compañía matriz, que tardó cierto tiempo en incluir publicidad en Instagram.

Sí parece bastante claro que por ahora Whatsapp seguirá como un servicio independiente. Y que no se van a abandonar las condiciones que la hicieron triunfar. Solo un día después del anuncio de la compra, el servicio se ha actualizado para mejorar la privacidad en Android al permitir al usuario ocultar un dato clave, el de la última conexión.

Hay aspectos manifiestamente positivos de la venta a Facebook. Son sobre todo técnicos. Los ingenieros de Facebook reforzarán al compacto equipo que dirige Koum y Acton, para alivio de las máquinas que soportan el torrente interminable de mensajes que cada segundo canaliza Whatsapp. También supondrán una ayuda decisiva en la lucha contra el molesto y siempre impertinente spam.

¿Y qué hará la competencia?

La posición hegemónica de Whatsapp ha estado amenazada en los últimos meses por nuevas aplicaciones de mensajería. Line intentó hacerse con un hueco en el mercado con una fuerte campaña publicitaria y mucho marketing. Consiguió notoriedad, pero aún no ha triunfado.

La aplicación que emerge ahora como alternativa a Whatsapp tiene su origen en Ucrania. Se llama Telegram, ha cosechado buenas críticas y ha aprovechado el enfado popular con Facebook para captar cientos de miles de usuarios. Tiene varias ventajas: su sistema de seguridad y encriptación es robusto, es multidispositivo y puede ser utilizado desde un PC. Flojea en el apartado multimedia, pero será un más que digno rival a la espera de saber qué planea hacer Google.

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