Firmas que son camaleones

Cuando huelen la catástrofe, son capaces de reinventarse una y otra vez hasta saciar el hambre del consumidor. Rearmarse le funcionó a Apple en sus épocas más críticas. Sony se encuentra inmersa en una metamorfosis decisiva. Y Twitter, ¿conseguirá superar su estancamiento demográfico?


Sony solo gana 18 dólares con cada PlayStation 4 que vende. Y eso que la videoconsola es la niña bonita de los japoneses. El gran gigante de la electrónica de consumo dejó de sumar hace ya algún tiempo para emplearse a fondo con los números rojos. Su etapa dorada acabó de oxidarse en el 2008, resintiéndose de las heridas que le dejó la gran burbuja tecnológica del cambio de siglo. El tsunami que hace seis años azotó al titán asiático, zarandeando los cimientos de su economía, empujó a la multinacional a una espiral de pérdidas al ver mermada su capacidad de producción. La musculosa competencia tampoco ayudó mucho. Todavía hoy no ha conseguido salir de ahí. Esta semana, avanzó que su ejercicio fiscal, que concluye a finales de marzo, volverá a cerrar con pérdidas. Más de 800 millones de euros, exactamente, que se van por el desagüe. ¿Dónde está el pinchazo? Su división de tecnología de consumo no es rentable. Lleva años equilibrando signos positivos y negativos gracias a sus apartados de finanzas, música, cine y, sobre todo, videojuegos. La madre del walkman hace tiempo que pide a gritos un cambio de rumbo que le llene los pulmones. Y, siguiendo al fin, las recomendaciones de inversores y analistas, la firma acaba de anunciar la venta de su división de ordenadores Vaio.

Sony no es la primera ni tampoco será la última. Apple también tuvo sus baches. Durante la época en la que Steve Jobs se mantuvo alejado de las oficinas californianas, el pulso empezó a temblarle. Los pasos en falso de esos años desamparados casi la arrastran a la bancarrota. Una aparatosa y prehistórica PDA lanzada a principios de los 90, una videoconsola bautizada como Apple Pippin que fue aplastada fulminantemente por la primera PlayStation y una cámara digital, del año 1994, con memoria para solo siete fotos son algunos ejemplos. En el año 2007, Jobs pronunció un motivador discurso frente a 200 empleados de Yahoo! en el que, tras enumerar los diferentes obstáculos superados por los de la manzana, desveló su principal estrategia: averiguar qué es lo que no hay que hacer. Escoger una sola cosa que sea genial.

Seguramente sin saberlo, Sony ha seguido el consejo de Jobs casi a rajatabla. Se desprende de sus cargas -la línea de ordenadores que le daba más disgustos que alegrías-, para centrarse en un objetivo muy concreto. «Tras un análisis exhaustivo de los cambios dramáticos que se están produciendo en la industria global del pecé, la cartera de negocios de Sony y su estrategia, hemos decidido concentrarnos en smartphones y tabletas, y transferir nuestro negocio de pecé a una nueva empresa creada por JIP (el fondo de inversión nipón Japan Industrial Partners)», indicó la factoría a través de un comunicado. La nueva compañía, en la que Sony contará con un 5 %, continuará vendiendo ordenadores con la marca Vaio y empezará a comercializarlos en Japón.

El cambio de piel de Sony, que empieza con los pecés, continuará con los televisores, una unidad que acumula nueve meses de pérdidas. La compañía avanzó que creará una subsidiaria centrada en los modelos de alta gama. El tercer paso para reconducir la marca será despedir a 5.000 trabajadores de aquí a marzo del 2015. El adelgazamiento de la platilla supondrá la cuarta ronda de salidas a gran escala que el gigante lleva a cabo en la última década. En el 2005, Sony echó a 10.000 empleados; a 8.000, en el 2008 y a 10.000 más, en el 2012.

Los ordenadores y los televisores se convirtieron en el gran lastre de Sony. La emigración hacia las tabletas y los teléfonos inteligentes hizo que la distribución mundial de pecés se desplomase el año pasado en todo el mercado, según la analista Gartnet, un 10 %. Sony quedó relegada con esta caída al noveno puesto en la lista de los grandes fabricantes. Solo un puñado de compañías más grandes gana dinero con la comercialización de ordenadores. Los japoneses podían haberse sacado de encima el problema en el 2001, cuando Steve Jobs les propuso integrar Vaio con el sistema operativo de Apple. La negativa en aquel encuentro en Hawaii fue rotunda. Nadie podía imaginarse entonces el caprichoso camino que tomarían los antojos de los usuarios.

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