El control está en la muñeca

Pulseras y relojes inteligentes pasaron de ser ilusiones futuristas a dispositivos reales, complementarios de los teléfonos y tabletas


redacción / la voz

El universo tecnológico se ha expandido de tal forma que las grandes compañías se encuentran ya en la fase de estrujarse el cerebro para integrar lo máximo posible los dispositivos electrónicos y el cuerpo humano. Lejos todavía de mimetizarnos plenamente con el universo virtual, tal y como prometen las ficciones futuristas a través de chips o artilugios similares, la tecnología avanza con la comodidad y simplicidad como grandes premisas. Y, una vez llevado el software a su máxima expresión, los grandes fabricantes concentran ahora sus esfuerzos en desarrollar el hardware -aparato físico- más útil posible para el usuario. Las tabletas, más planas y ligeras; los smarphones, adelgazados y ergonómicos; y ahora, una invasión de dispositivos de muñeca -relojes inteligentes y pulseras saludables-, que convierten la tecnología en un complemento para llevar puesto.

Accesorios de accesorios

El enfoque de los relojes inteligentes está alejado del concepto de estar en forma y sin ánimo alguno de monitorizar los parámetros biológicos. A camino entre los teléfonos de alta gama y las gafas inteligentes lanzadas por Google, los smartwatch son el siguiente escalón en cuanto a comunicación y navegación. A pesar de la reciente expectativa que están generando, ya llevan años en el mercado. Con su Galaxy Gear, Samsung ha vuelto a poner el foco de atención sobre ellos, pero Sony, pionera, fue capaz de intuir hace ya dos años cómo se dibujaría el escenario actual. Su smartwatch, bautizado directamente con el genérico que se adoptó más tarde, no acabó de encajar del todo bien en el 2011. El segundo intento se presentó en junio.

El Sony Smartwatch 2 tiene una pantalla de 1,6 pulgadas y una resolución de 176 x 220 píxeles. Es resistente a la lluvia y a las salpicaduras, pero, desmintiendo los rumores, no se puede sumergir bajo el agua. En realidad, este tipo de dispositivos funcionan como controles remotos. Desde ellos se controlan los smartphones o las tabletas. Permiten contestar a los correos electrónicos o actualizar las redes sociales, enviar SMS e incluso marcar llamadas, manteniéndose siempre activo, aunque el móvil al que está conectado se encuentre apagado. A diferencia del reloj inteligente de Samsung, presentado el mes pasado, el dispositivo de Sony no permite hablar por teléfono directamente, funciona más como un cómodo atajo para evitar sacar el móvil del bolsillo. En su favor, el Smartwatch, que se puede adquirir por 189 euros, se sincroniza con todos los modelos de teléfono, mientras que el Gear de los coreanos solo se conecta con los suyos, Samsung.

Más rápido que Apple

Con el mismo tamaño de pantalla, el Galaxy Gear es también, al fin y al cabo, el accesorio de un accesorio que se dispara hasta los 300 euros. Con un diseño similar al de aquellos relojes Casio con calculadora de los años noventa, salvando las distancias, el dispositivo de Samsung, que tanto revuelo ha creado en el mercado al anticiparse al de Apple, incorpora un altavoz, dos micrófonos y una pequeña cámara de 1,9 megapixeles. Cuenta con un procesador de 800 megahercios que permite al usuario controlar desde él su teléfono, siempre y cuando se encuentre a menos de 1,5 metros de distancia. Porque de momento, y sin que los de la manzana den señales de vida demostrando lo contrario, esta es la única función de los relojes inteligentes. No son dispositivos en sí. Son puertas, accesos directos y cómodos, a los «dispositivos madre»: los smartphones, las tabletas y los ordenadores.

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