Los bajos fondos de Internet

La web profunda, a la que no acceden los buscadores tradicionales, aloja todo tipo de páginas ilegales, como la desmantelada Silk Road


Redacción / La Voz

Una red alternativa, sumergida y anónima, integrada por contenidos que no detectan los buscadores, subyace bajo la cara más blanca de Internet. En ella se alojaba hasta esta semana el mayor mercado negro virtual, Silk Road, una suerte de zoco donde el usuario podía adquirir desde heroína y LSD hasta armas o sicarios. La cruzada contra las descargas ilegales parece un juego de niños al lado de la operación que el FBI ha desplegado para desmantelar esta web, alojada en un lugar al que no es posible llegar de casualidad.

El golpe policial llevado a cabo por agentes estadounidenses, desmantelamiento e incautación incluidos, ha sacado a la superficie una economía sumergida basada en la venta de drogas, armas, servicios de hackeo e incluso asesinos a sueldo que, en los dos últimos años, ha producido ingresos por más de 9,5 millones de bitcoins (1.200 millones de dólares), además de 600.000 bitcoins (80 millones de dólares) gracias a las comisiones generadas.

Al responsable del portal Silk Road, que escondía su verdadero nombre bajo el pseudónimo de Dread Pirate Roberts, se le imputan los cargos de conspiración para el tráfico de narcóticos, para piratear ordenadores y para blanquear dinero. Pero el tráfico ilegal de estupefacientes y la compraventa de bienes y servicios ilícitos del conocido popularmente como el «eBay de la droga» es solo la punta del iceberg. Debajo, se despliega un extenso y desconocido mundo, los bajos fondos, el Internet profundo.

La red invisible o Deep Web se encuentra varios sustratos más abajo de donde llegan las arañas rastreadoras de los buscadores, porque, en contra de lo que lo que muchos creen, hay vida más allá de lo que Google identifica en sus búsquedas. Se trata de una serie de portales y contenidos protegidos explícitamente para que no se pueda acceder a ellos desde los navegadores clásicos. La mayoría son ilegales, pero la clandestinidad implícita de esta trastienda virtual la convierte en un lugar idóneo para comunicarse de forma anónima, conseguir información que no trasciende en los canales oficiales o denunciar hechos comprometidos políticamente.

Un «router cebolla»

La llave de acceso a esta red b es Tor (The Onion Router), un software libre que hace que todo el tráfico en el fondo de este océano sea lo más privado posible. Protegerse en la Deep Web es indispensable. Cualquier búsqueda desencaminada podría acabar causándole al usuario inesperados problemas legales si, por algún motivo, los rastreos policiales consiguieran identificarlo. El explorador Tor Browser Bundle es la mejor garantía para que no suceda. Asegura gracias a su sistema de capas -de ahí la referencia de su nombre a la cebolla- una navegación casi inmune que permite acceder fácilmente a esta parte invisible de Internet integrada por webs con dominios del tipo .onion, que se obtienen, de forma similar al primer Internet de finales de los 90, a través de directorios de enlaces. Y una vez dentro, ¿qué se esconde en el lado oscuro?

Entre la madeja de portales cifrados sobresalen interesantes servicios que deberán ser utilizados con inteligencia y cautela, como el motor de búsquedas Torch, el sistema de enlaces Tordir o el foro cifrado Anonymoose Chat. Paralelamente, en su cara menos amable, figuran en este limbo entre la legalidad y la ilegalidad los Hidden Services (Servicios Ocultos), mercados negros de todo tipo de productos o servicios que solo admiten como moneda de cambio el Bitcoin, una controvertida divisa virtual, que todavía hoy en día se debate entre la especulación y el dinero del futuro, que ha entrado en caída libre esta semana tras el cierre de Silk Road. Este territorio sin ley supone un paraíso para negocios ilícitos, para la pedofilia, la venta de armas o el contrabando y, aunque también alberga útiles servicios, la sensibilidad de sus contenidos hace que en algunos países como China tan solo cargar Tor ya esté considerado un delito.

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