Microsoft cambia de rumbo

El presidente de la empresa, Steve Ballmer, será sustituido en el 2014


nueva york / corresponsal

Anonadados, con esa palabra describían los más enterados cómo se quedaron los empleados de Microsoft la semana pasada cuando recibieron una carta del presidente ejecutivo de la empresa. Y es que en esa carta Steve Ballmer anunciaba que se jubila. Dentro de un año para dar tiempo a que se elija con cuidado a su sucesor, pero se va.

El que fue compañero y amigo en la universidad de Harvard del fundador de Microsoft, que lleva trabajando en la compañía desde 1980 y que sucedió a Bill Gates en el año 2000 cuando este dejó la presidencia, reconoce en la carta que la decisión no ha sido suya. Y es que las cosas no van bien en la megaempresa informática de Seatle. O más bien, van por un rumbo que no augura nada bueno.

La salida de Ballmer se ve como el primer paso necesario para enderezar ese rumbo. Los inversores lo vieron claro porque el mismo día que se conoció la noticia, las acciones de Microsoft subieron un 7 %.

El problema de la que un día fue la compañía más innovadora del mundo, es que no ha entendido hacia dónde va el mercado. La empresa de Gates obtiene la mayor parte de sus ganancias de la venta de su sistema operativo, Windows, de Microsoft Office y del software para ordenadores de empresas. Y lo cierto es que todavía esas ganancias son enormes: en el último ejercicio fiscal generó unos ingresos de 78.000 millones de dólares, más de 150.000 por minuto. Y los beneficios que obtuvo superaron los 21.000 millones de dólares. El problema es que esos ingresos dependen de que se vendan dispositivos con su sistema operativo que, en el caso de Microsoft, son en su inmensa mayoría PC.

Hasta hace poco, la empresa de Gates tenía garantizadas esas ventas pero ya no. La venta de pecés cayó el pasado año un 20 %. Ahora los dispositivos que más se venden son los teléfonos inteligentes y las tabletas. Y en estas últimas el sistema operativo de Microsoft es minoritario, frente al dominio de Apple y Google, con su Android.

Ballmer intentó dos apuestas para competir con ellos, primero fue el sistema operativo Vista, que él mismo reconoció como su mayor fracaso. Más recientemente, lo intentó con Windows 8, lanzado el pasado mes de octubre, pero tampoco ha conseguido lo que se proponía, ya que no ha penetrado en el mercado.

La salida del presidente ejecutivo permitirá poner al frente a otra persona que acepte algunos de los cambios a los que Ballmer se ha negado y que parece que podrían volver a poner a Microsoft en la línea de salida. El más evidente es el rechazo total de la empresa a que Office se utilice con sistemas operativos que no sean de Microsoft, como el de Apple, por ejemplo. Eso permitiría aumentar enormemente las ventas.

Lo mismo ocurre con la entrada de Microsoft en el mundo de las tabletas. Una decisión que los expertos consideran que se tomó tarde y a la que no se ha dedicado todo el interés que hubiera necesitado. El resultado es Surface, que no consigue arrancar.

El nuevo presidente ejecutivo de la compañía tendrá que intentar que la frase de Ballmer del 2007 acerca del iPhone deje de relacionarse con la marca Microsoft y que la empresa avance hacia las nuevas tecnologías. Y es que, desde el punto de vista de Ballmer no había posibilidades de éxito para el que se ha convertido en el gran producto de su competidor.

Según predijo Ballmer en el 2007, el iPhone no tenía opciones de triunfar

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