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Guillermo Oubiña, una vida entre poteras, puertos y calamares

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

PUERTOS

Picho, en el puerto de Vilagarcía, con la caña lista y una de las poteras que él mismo fabrica
Picho, en el puerto de Vilagarcía, con la caña lista y una de las poteras que él mismo fabrica MARTINA MISER

El vilagarciano impulsa un nuevo club mientras comparte en internet los secretos de una afición en auge

01 jun 2026 . Actualizado a las 12:03 h.

Cuando Guillermo Oubiña, Picho (Faxilde, 1980), habla de pesca, lo hace con la naturalidad de quien lleva toda una vida mirando al mar. Trabaja como operario de maquinaria pesada. Sin embargo, fuera de su jornada laboral, su verdadera pasión se encuentra en los muelles, las escolleras y los espigones de la ría. 

Su relación con la pesca comenzó muy pronto. Apenas tenía cinco o seis años cuando acompañaba a sus padres a la playa. Tras las comidas familiares, mientras otros niños jugaban en la arena, él se acercaba a las piedras del espigón para lanzar una línea al agua. «Eso de toda la vida», resume. Aquellas jornadas infantiles acabaron convirtiéndose en una afición permanente que ha marcado buena parte de su vida.

Aunque reconoce que durante algunos años pescó de manera esporádica, especialmente durante su etapa en el ejército, nunca llegó a abandonar el contacto con el mar. «Cuando venía de permiso muchas veces quedaba con los colegas para ir a pescar», recuerda. Sin embargo, fue durante los últimos quince o veinte años cuando la afición pasó a ocupar un lugar central en su tiempo libre.

Entre todas las modalidades, sus favoritas son la pesca del chopo y del calamar. También practica la pesca de la lubina, aunque considera que esta última requiere recorrer más terreno y explorar diferentes zonas de costa. «Para el chopo y el calamar vas al puerto. Para la lubina tienes que buscar espigones, rompientes y otros lugares donde suele moverse el pescado», explica.

La pasión de Oubiña ha llegado incluso a internet. Bajo el nombre de Picho Pesca, mantiene un canal de YouTube dedicado principalmente a la elaboración artesanal de poteras, los señuelos utilizados para capturar cefalópodos. Precisamente las poteras son uno de los aspectos sobre los que más insiste. Según explica, la diferencia entre una pieza comercial y una elaborada artesanalmente puede resultar determinante. «Si con una comercial pescas diez, con una artesana puedes pescar treinta», asegura. La clave está en detalles como la caída, el equilibrio en el agua o la naturalidad de los movimientos, factores que pueden marcar la diferencia cuando se trata de atraer a los calamares.

Su afición también le ha permitido conocer pescadores de toda España. Recientemente participó en un encuentro celebrado en Bilbao que define más como una reunión de amigos que como una competición. Allí coincidió con aficionados llegados desde Baleares, Murcia, Asturias, Madrid, Valladolid o Alicante. Una experiencia que le confirmó algo que ya intuía: la pesca del calamar y el chopo vive un crecimiento notable en todo el país. Ese auge se percibe con claridad en Vilagarcía. Desde la pandemia, explica, el número de aficionados se ha multiplicado

Precisamente para dar respuesta a estas necesidades surgió recientemente el Club Deportivo de Pesca Cormoráns de Arousa, que tiene su sede en el centro cultural Breogán, en O Piñeiriño, y el apoyo imprescindible de Náutica Pérez. El club apenas cuenta con un mes y medio de vida, pero ya tiene varios proyectos en marcha. Para quienes estén pensando en iniciarse, Oubiña lanza un mensaje tranquilizador. Considera que con unos cincuenta euros es posible adquirir un equipo básico y funcional para empezar. A partir de ahí, la inversión dependerá del grado de implicación de cada pescador. Pero si hay una pregunta que suele repetirse entre los principiantes es cuánto depende la pesca de la suerte y cuánto de la habilidad. Su respuesta es contundente. «En el calamar, el 95 % es maña». Según explica, no basta con esperar; hay que localizar las zonas adecuadas y saber manejar correctamente el señuelo para atraer a los animales. En el caso del chopo, en cambio, considera que la balanza está más equilibrada. «Es una pesca más sencilla y cuando es temporada suele haber capturas». Después de décadas lanzando cañas desde los puertos de la ría, Picho sigue disfrutando de cada jornada con la misma ilusión que cuando era un niño.