No es fruto del azar que sea ejemplo de artes selectivas que sostienen actividades económico-sociales
30 ago 2026 . Actualizado a las 12:16 h.Una noticia mencionaba la inusual situación en la costera de bonito del 2026, en la que barcos de cebo vivo tienen más facilidades que los gallegos de cacea (curricán) para acceder a esta especie, señalando que los de cebo vivo han podido pescar más al norte que otros años y sus mejores capturas las están haciendo donde faena el curricán. Ciertamente, 2026 está siendo meteorológicamente anómalo y favorable para que barcos de cebo vivo puedan alcanzar mayores latitudes de lo habitual y, al mismo tiempo, mantener vivo el cebo dentro de sus tanques. Ese factor ha sido históricamente limitante en ese arte para poder alcanzar altas latitudes, donde cardúmenes de bonito han tendido a posicionarse desde los años ochenta del siglo XX, con variabilidad entre meses y años, haciéndolos más o menos disponibles según distancia a la costa, fragmento de flota y arte empleado.
Difícil reconversión
Solo algunas unidades gallegas pescaron con cebo vivo. El inhabitual comportamiento migratorio del bonito desde los años ochenta, en relación al preferentemente costero, ha favorecido el desarrollo de algunas otras pesquerías europeas desde mediados del siglo XX. Aun así, el cebo vivo ha sido con frecuencia más eficiente que el curricán en cuanto a capturas anuales y especialmente en rendimientos por día de pesca, al margen de cambios en rutas migratorias y en la disponibilidad espacio-temporal de la especie en cada año. Lejos de simplificaciones que se leen, en absoluto es fácil la reconversión de un buque de curricán al arte de cebo vivo. Este hecho condicionó buena parte de la historia de esta pesquería y las respectivas preferencias hacia una u otra arte dentro de la zona Galicia-Cantábrico. Sólo algunas unidades de Galicia pescaron históricamente con cebo vivo. La gran mayoría eran y son buques curricaneros, temporalmente adaptados desde otras artes, inicialmente incluyendo varas o tangones en sus bandas y líneas por popa, realizando viradas a mano o, ya más recientemente, con varas de fibra e instalando mecanismos hidráulicos. Una buena experiencia para interesados es visitar en Burela el buque-museo Reina del Carmen.
la «guerra del bonito»
Una decisión arriesgada y clave. Pese a que la costera del bonito se realiza sobre individuos pre-reproductores aprovechando su migración trófica (generalmente entre mayo y octubre), la sostenibilidad de esta pesquería es ejemplo de cómo artes tradicionales selectivas pueden sostener actividades económico-sociales y culturales. Sin considerar nuevos factores limitantes para su futura viabilidad, para ser justos debemos recordar que esta historia de éxito no es fruto del azar. En 1990 la Administración pesquera española tomó una decisión arriesgada y clave para la sostenibilidad, con decidido soporte científico de expertos e instituciones relevantes como el Instituto Español de Oceanografía (IEO). En esos años, y en 1994 en particular, se libró la llamada «guerra del bonito» con enfrentamiento en el mar Cantábrico y el Atlántico norte entre flotas artesanales españolas, que usaban anzuelos, y flotas de otros países, que empleaban redes de enmalle a la deriva de dimensión ilegal. El desarrollo de este arte contaba con iniciativa y apoyo del Ifremer, el Instituto Francés de Investigación para la Exploración del Mar.
arduo debate
España se adelantó años prohibiendo las redes de enmalle a la deriva. También debemos recordar que en España había algunos propensos a testar ese tipo de pesquería con redes. No obstante, ejerciendo la Secretaría General de Pesca José Loira Rúa, España prohibió en 1990 por ley el uso de cualquier red de enmalle para la pesca de pez espada, marrajo, atún y bonito del norte. Se adelantó años a los continuos impedimentos y posteriores restricciones de la UE y organismos internacionales, pero sacrificó una incipiente pesquería española con red de enmalle dirigida el pez espada en la zona del Estrecho de Gibraltar. En enero del 2002, después de años de muy arduo debate científico y político, la UE acabó prohibiendo todas las redes de enmalle a la deriva para la captura de especies altamente migratorias en aguas comunitarias. Sin embargo, su implementación en algunos Estados miembros del Mediterráneo no ha sido perfecta hasta la fecha, ni tampoco lo fue en otros del norte de África, pese a posteriores regulaciones internacionales.
por la sostenibilidad
75 años de modélico trabajo en el IEO de A Coruña y Santander. En España tenemos (o quizás teníamos) la suerte de contar con el prestigioso IEO, que desde sus laboratorios de A Coruña y Santander ha seguido científicamente la larga historia de esta emblemática pesquería, aportando a Iccat (Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico) estadísticas sólidas y conocimiento biológico, lo que ha permitido disponer de información confiable desde 1950 y contribuir a la sostenibilidad de este stock mediante su estudio. Primero, por parte de científicos pioneros olvidados por la mayoría, y luego por científicos más recientes o de nuestros días. En definitiva, 75 años de modélico trabajo de seguimiento, estudio riguroso y silencioso, poco valorado en el actual marco de la ciencia, la Administración, la sociedad y del propio sector.
Ahora lo quintuplica
El cebo vivo pesca al día el triple que la cacea. Una breve pincelada retrospectiva 1953-2024 sugiere el sostenido descenso de los desembarcos de cacea, debido a la reducción de su esfuerzo nominal del orden de un 30 % entre el inicio y final de cada década. Sólo en una treintena de los años de esa serie, especialmente al inicio, los desembarcos anuales de cacea superaron a los del cebo vivo. No obstante, el balance de descargas entre ambas artes para esos 72 años fue relativamente equilibrado con capturas anuales medias de unas 9.800 toneladas para cebo vivo y de 10.500 para cacea, aunque aplicando cada una intensidades de esfuerzo nominal muy diferente. El esfuerzo medio del cebo vivo fue sobre el 33 % del total de ambas artes. En consecuencia, el rendimiento de pesca por día fue, en promedio, unas tres veces superior en el cebo vivo que en la cacea, y ese valor parece llegar hasta cinco veces en el período reciente, lo que quizá merecería un análisis de causas.
un 2026 no tan inusual
Recuperación. Debe considerarse que en el 2009 se estableció un plan Iccat para la ya exitosa recuperación de este stock, lo que ha afectado durante años a la actividad de las flotas y al nivel de descargas en base a cuotas. Por tanto, la situación del 2026 probablemente no sea tan inusual en el contexto histórico de esta pesquería, con algunas particularidades ya citadas para esta costera.
Del ancestral curricán al cebo vivo, que llegó en 1953
La pesca al curricán (cacea o trolling) es una modalidad ancestral desarrollada por pueblos costeros e indígenas que utilizaban cordeles de cáñamo con señuelos rudimentarios para, en ese caso, capturar atunes sin necesidad de detener la marcha. El curricán usa líneas con anzuelo y señuelo (de materiales naturales o artificiales) arrastradas por las capas superficiales del mar a una velocidad moderada y constante en zonas donde las condiciones del mar son adecuadas para la presencia del bonito, siendo la temperatura superficial del mar, la presencia de presas potenciales, el avistamiento de aves, u otras informaciones tecnológicamente modernas (sonares, datos satelitales…), indicios para seleccionar áreas de pesca; además de las rutas migratorias conocidas de esta especie que nos «visita» anualmente.
La pesca con cebo vivo (tanqueo o bait boat) de túnidos se sitúan probablemente a principios del siglo XX en el sur de California, adaptando técnicas de pescadores japoneses que mucho antes usaban cañas y líneas con cebo vivo para pescar atunes. Esa práctica se impulsó y se expandió por Europa tras la Segunda Guerra Mundial. A mediados del siglo XX se inició en el golfo de Vizcaya (hay registros estadísticos al menos desde 1953), cuando una parte de la flota tradicional de curricán de algunas zonas del Cantábrico se adaptó a ese arte para pescar atún blanco (Thunnus alalunga) y atún rojo juvenil (Thunnus thynnus), ambos con presencia estacional procedentes del Atlántico norcentral y Mar Mediterráneo, respectivamente; siendo esas pesquerías complementadas por otras tradicionales. Los barcos deben buscar el cebo vivo (pequeños pelágicos costeros), pescarlo, mantenerlo vivo en viveros con circulación continua de agua y, al localizar un banco de atunes, lanzar algún cebo al mar para, junto con potentes chorros de agua en la superficie para imitar el movimiento de peces presa, crear un frenesí alimentario, favorecer la concentración del cardumen y capturar los ejemplares con cañas semirígidas y anzuelos sin «muerte». Por tanto, a diferencia del curricán, se basa en incentivar la concentración del cardumen para pescarlo en parado.