El atún patudo que pescó un barco gallego creció un metro desde que lo liberaron hace diez años
PESCA Y MARISQUEO
Científicos de Azti coordinan una investigación internacional que, gracias al palangrero Escualo Cuatro, abre «una oportunidad excepcional» para reconstruir la vida de estos peces
26 jun 2026 . Actualizado a las 00:11 h.De «hito histórico» calificó Opnapa, la Organización de Productores Nacional de Palangre de Altura, con sede en Vigo, que la tripulación del pesquero gallego Escualo Cuatro se percatase de que un atún patudo que había picado en sus anzuelos había sido marcado por científicos. Al ver que tenía anclado en la base de la segunda aleta dorsal un banderín plástico de color rojo, lo apartaron del resto de capturas, lo conservaron, comunicaron el hallazgo y lo donaron a la ciencia. El centro tecnológico Azti ha desvelado parte de la información que comienza a aportar este ejemplar de Thunnus obessus.
Ya se sabía que había sido liberado en agosto del 2016 en la zona de Cabo Verde y que el palangrero lo había recapturado el pasado 30 de marzo, en medio del Atlántico, en el área ecuatorial, a unos 1.670 kilómetros al sur del archipiélago donde lo habían devuelto al mar. Y ahora se ha revelado que en estos casi diez años en libertad triplicó su tamaño: creció algo más de un metro, de 55 centímetros a 158. Cuando lo pescó el Escualo Cuatro, de la empresa Mazaido, armadores de Celeiro (Viveiro), pesaba 79 kilos, añade Azti en un comunicado.
Aunque desde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación indicaron que se estudiarían en el Instituto Español de Oceanografía, Azti explica que el patudo está siendo analizado en el marco del proyecto Itunnes, cofinanciado por la UE y que coordina este centro tecnológico vasco, en estrecha colaboración con científicos de varios países miembros de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (Iccat, por sus siglas en inglés).
Precisamente había sido liberado por un investigador de Azti, en el primer año del Programa de Marcado de Túnidos en el Océano Atlántico, promovido por la Iccat y cofinanciado por la UE. Era uno de los 25.235 patudos etiquetados entre el 2016 y el 2021 a ambos lados del Atlántico. Sumando listados, rabiles, bacoretas y petos, marcaron cerca de 120.000 túnidos tropicales. De ellos, aproximadamente el 8 % portaban banderines rojos, señal de que también había sido identificado químicamente o mediante una etiqueta electrónica interna.
Azti detalla que al patudo le habían inyectado una marca química que «permite ahora determinar con exactitud cuánto ha crecido en libertad, contribuyendo así a afinar los modelos de evaluación de la población de atún patudo mediante un ajuste validado del crecimiento y, en consecuencia, a mejorar las recomendaciones de gestión hacia una pesca más sostenible».
Los otolitos, similares a los anillos de un árbol
Desde el centro tecnológico exponen que los peces cuentan con unas pequeñas estructuras calcificadas llamadas otolitos que registran su crecimiento de forma similar a los anillos de un árbol. Este patudo «es una referencia única: nos permite leer con certeza lo que en otros ejemplares solo podemos estimar. Su otolito nos ayuda a validar los criterios y métodos de lectura que aplicamos a toda la población», explica Patricia Lastra, investigadora de Azti. «Ese nivel de detalle —saber exactamente cuánto ha crecido un pez entre el marcado y la recaptura y comprobar que los anillos reflejan fielmente ese intervalo— es el que permite construir curvas de crecimiento fiables, una información esencial en los modelos con los que evaluamos el estado de las poblaciones», agrega en el comunicado.
También recuerdan que el patudo crece despacio y tarda años en reproducirse. Si se calcula mal su edad, en particular la de primera madurez, «las estimaciones sobre cuántos peces hay en el mar se desvían, y las recomendaciones de pesca pueden quedarse cortas o pasarse, afectando tanto a la población de atún como a las posibilidades de captura futuras». De ahí que destaquen que reducir esa incertidumbre «no es un detalle técnico: es lo que marca la diferencia entre una gestión preventiva y una que reacciona demasiado tarde».
La colaboración del sector, clave
«Este hallazgo no habría sido posible sin la implicación de quienes faenan cada día en el Atlántico», subrayan desde Azti. Reconocer la marca, decidir conservar el ejemplar íntegro y garantizar que llegara a manos de los investigadores «son pasos que requieren conocimiento, voluntad y una relación de confianza construida durante años entre el sector pesquero y la comunidad científica».
A todo eso añaden que este patudo, que el Escualo Cuatro transbordó a otro pesquero en Mindelo (Cabo Verde), fue descargado en Vigo, donde fue conservado gracias a la colaboración de la empresa frigorífica gallega Wofco. Después fue transferido al equipo científico de Itunnes. Una cadena de colaboración, «basada en el trabajo inicial de coordinación de la secretaria de Icaat, que ha involucrado a la armadora Mazaido, al Instituto Español de Oceanografía y a Azti». Un ejemplo, apuntan, de cómo se «enlaza el trabajo en el mar con la generación de conocimiento científico esencial para la gestión sostenible de los recursos pesqueros».