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Los científicos recomiendan cerrar la pesca de jurel desde el mar de Noruega hasta Fisterra

e. abuín REDACCIÓN / LA VOZ

PESCA Y MARISQUEO

MARCOS CREO

Los profesionales avisan de que una cuota cero podría abocar al amarre

05 oct 2022 . Actualizado a las 17:47 h.

Con eso de que las redes del cerco no tocan el fondo, este segmento de flota vivía en segundo plano, como afectado indirecto, la controvertida prohibición de pescar con ese tipo de artes en 87 áreas que la Comisión Europea ha definido en el Atlántico nororiental desde el golfo de Cádiz hasta Irlanda. Pero ahora acaba de colocarse en el centro de la última amenaza que llega con sello europeo. Todavía es una nube negra en el horizonte, pero inquietante a tenor de experiencias anteriores, como la cigala o la sardina ibérica, y que descargará con toda su fuerza sobre el cerco, pero que salpicará también el arrastre. Afecta al jurel. Los científicos de la Comisión Internacional para la Exploración del Mar (ICES, en sus siglas en inglés), en sus recomendaciones a Bruselas para fijar las cuotas del año que viene, han propuesto capturas cero para esta especie desde el mar de Noruega a Fisterra, área en la que se incluye la zona 8c, que va de Fisterra al golfo de Vizcaya, así como los caladeros de Gran Sol.

Un cierre de la pesquería que, de materializarse, asestaría un golpe importante a una flota compuesta en Galicia por 150 embarcaciones, para la que este pelágico es la principal especie objetivo. «A nós mátanos, noquéanos», subraya Alberto Castro, portavoz de la Asociación de Armadores de Cerco de Galicia (Acerga).

El jurel es la especie «número un» para el grueso de los cerqueros, al menos para aquellos que no se desplazan al Cantábrico para participar en la costera de la anchoa. Por eso confían en que «a Administración faga o seu traballo e free esta cota cero», apunta Castro, que, no obstante, sabe que nada ni nadie los va a librar de un recorte en la cuota para el próximo año. Pero al menos que se pueda pescar, como ocurrió con la sardina.

El cupo cero sería también un golpe para el poco más de medio centenar de arrastreros del Cantábrico y para los 23 que faenan en Gran Sol y otras aguas comunitarias, aunque estos, más que por la reducción de capturas, porque, de golpe, se convertiría para ellos en una especie de estrangulamiento que podría abocarlos al amarre: porque «¿qué barco no pesca un jurel?», plantea Juan Carlos Corrás, gerente de la asociación Pescagalicia-Arpega-Obarco.

Porque el jurel no es como la cigala, que el arrastre puede descartar por su alta supervivencia. Ni puede recurrir como el cerco al slipping, abrir la red para liberar vivas las capturas. 

Sin salvación en el 2024

Según el informe científico, la situación de la biomasa de reproductores está por debajo de la que se considera límite para garantizar la supervivencia del stock. Es más, aseguran que seguirá por debajo en el 2024 aunque se imponga el cierre de la pesquería o en cualquier otro escenario.

Para los profesionales es inadmisible que se recomienden cero capturas cuando para este año, la recomendación del ICES fue imponer un total admisible de capturas (TAC) de 71.138 toneladas desde el mar de Noruega hasta el Cantábrico, sugerencia que los Veintisiete siguieron a pies juntillas.

«No se puede proponer de un año para otro un recorte del 100 % en las capturas», explica Corrás. No es sostenible ni social ni económicamente, apunta aludiendo a lo ocurrido con la sardina, para la que llegó a proponerse un cierre de quince años y en apenas un lustro se ha reconstituido el stock; o con la merluza, que después de años sumando recortes en la cuota de la merluza sur, la de aguas ibéricas, resulta que «estaba mal el modelo de cálculo y ahora la propuesta es de aumentar un 70 % las capturas».

Los científicos cambian el modelo de evaluación de la merluza sur y elevan un 70 % su propuesta para fijar la cuota

Somos Mar

Los pescadores llevaban años advirtiendo de que la merluza sur, la gallega, la de aguas ibéricas, no estaba tan mal como la pintaban los científicos del ICES (Consejo Internacional para la Exploración del Mar). Estos, año tras año, indefectiblemente, enseñaban la tijera a un stock para el que llegaron a proponer —hace más de un decenio, es cierto— un TAC (total admisible de capturas) cero que se esquivó con un plan de recuperación. Incluso el año pasado sugirieron recortar un 18 % la cantidad acordada por los ministros. En ese contexto se entiende mejor la incredulidad —en la que se atisban posos de indignación— de los armadores al conocer que, para el 2022, los científicos que asesoran a la Comisión Europea sugieren aumentar el TAC que proponían para este año en ni más ni menos que el 70 %. De las 6.947 toneladas que aconsejaban para este ejercicio —el Consejo aprobó 7.836— pasan a proponer 11.791.

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