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La merluza fresca de Gran Sol escaseará más el próximo año

Somos Mar REDACCIÓN / LA VOZ

PESCA Y MARISQUEO

La merluza fresca de Gran Sol reina en las lonjas de Burela y de Celeiro (en la foto de archivo), de donde salen siete de cada diez que se subastan en Galicia
La merluza fresca de Gran Sol reina en las lonjas de Burela y de Celeiro (en la foto de archivo), de donde salen siete de cada diez que se subastan en Galicia PEPA LOSADA

Tras cinco años de caídas continuas de capturas, los asesores científicos de la UE aconsejan recortar un 27 % el cupo del 2022

14 oct 2021 . Actualizado a las 04:45 h.

A los españoles les gusta tanto la merluza fresca que se comen alrededor de siete de cada diez que se consumen en la Unión Europea (UE). No solo se nutren de la que capturan las flotas española y de otros países europeos en Gran Sol, si bien procede de esos caladeros comunitarios buena parte de la que se comercializa. Que allí escasea llevan advirtiéndolo los pescadores durante los tres últimos años, y lo confirma la caída continua de las ventas en diez países y en las lonjas gallegas desde el 2016. Y lo acreditan los asesores científicos de la UE, el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES, por sus siglas en inglés), que proponen recortar un 27 % la cuota del 2022.

A menos posibilidades de pesca, menos opciones de saborear un producto que reina en A Mariña lucense, en Burela y Celeiro, de donde salen siete de cada diez merluzas frescas que se subastan en las lonjas gallegas.

Si los científicos revisaron el pasado junio su recomendación para este año reduciendo las casi 105.000 toneladas para toda la UE a cerca de 103.000, para el 2022 aconsejan 75.052. Sugieren ese límite de capturas aplicando el criterio del rendimiento máximo sostenible (RMS), pescar manteniendo en niveles biológicos considerados seguros. En este caso, en los caladeros conocidos como Gran Sol, que en realidad abarcan el este y el norte del golfo de Vizcaya, el mar de Irlanda, el mar Céltico, el banco de Porcupine, el oeste y el suroeste de Irlanda, el oeste de Escocia, el canal de la Mancha y el mar del Norte. El ICES admite que los cambios en la distribución espacial de la merluza «aumentan la incertidumbre» en la evaluación de su abundancia, pero la consideran «aceptable» por las investigaciones y por las descargas.