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Un jubilado y su hijo, a juicio en Vigo por timar 91.000 euros en pulpo de Senegal a una empresa pesquera

e. v. pita VIGO / LA VOZ

PESCA Y MARISQUEO

E. V. Pita

Ángel López, empresario de la pesca, ha declarado en la Audiencia: «Nunca cargaron la mercancía para nosotros, enviaron 24 toneladas de cefalópodos a otra empresa»

14 sep 2021 . Actualizado a las 21:32 h.

El empresario pesquero Ángel López Soto, fundador del Grupo Alfrío y expresidente del Club Financiero de Vigo, declaró ayer en el juzgado como representante de Procsa —rama de precocinados de la compañía pesquera— víctima de una supuesta estafa cometida en el 2016 por un gestor pesquero jubilado, de 87 años, y su hijo, ambos residentes en Canarias. El hijo ofreció a la compañía viguesa comprar pulpo en Senegal, procesarlo en una planta local y enviar la mercancía en contenedor a Vigo. Tras adelantar 91.000 euros, Procsa vigués nunca vio el cefalópodo delante ni le devolvieron el dinero.

López Soto declaró en el juicio celebrado en la quinta sección de la Audiencia de Pontevedra, con sede en Vigo (con un tribunal compuesto por dos magistradas desplazadas desde Pontevedra). El empresario relató a la sala que se aceptó la operación en Senegal con la condición de que el padre —al que conocía por su buena gestión pasada—, ayudase al hijo a montar la sociedad en el país africano y realizar el procesado. Sin embargo, tras varios meses, se enteraron en la empresa de que los acusados habían embarcado en Senegal 24 toneladas de pulpo en un barco con destino a otra compañía pese a que ellos les habían adelantado 91.000 euros para compras y gastos. «Nunca cargaron para nosotros, las 24 toneladas fueron para otra empresa. Una parte era nuestra, era el dinero que nosotros mandamos», indicó.

Los acusados se declararon inocentes y el hijo alegó ante el tribunal que la operación resultó fallida porque acumularon deudas en Senegal, «un país que no funciona como aquí para pedir préstamos», y que, a última hora, los locales les exigían pagar otros 9.000 euros para enviar el contenedor, pero en Vigo se negaron a abonar nada más y exigieron que les mandasen de inmediato la mercancía. Así que tuvieron que ingeniárselas porque ellos no tenían fondos para adelantar el dinero, por lo que negociaron con otra empresa para salvar el contenedor.