El bravo marinero vigués que acabó hecho un «ecce homo»

Ramón Piñón sufrió graves heridas y casi fue dado por muerto tras un combate con corsarios ingleses en el Caribe


vigo / la voz

«Siete [heridas] en la cabeza como medias lunas; una en el ojo derecho que le partió desde más arriba de la ceja hasta el párpado sin tocar la vista; una en la nariz que se la partió al medio; nueve en la caxa del cuerpo, por la una de ellas resollaba; un chuzazo en el pescuezo; un balazo en el muslo izquierdo; un astillazo en la misma pierna; cortados tres dedos de la mano izquierda, no del todo; tres sablazos en el mismo brazo; y cortada la mano derecha, con otras menores, las que con la frialdad de la noche se hallaron con sangre coagulada». Así se describía, en la Gazeta de México del sábado 13 de marzo de 1802, el estado del marinero vigués Ramón Piñón, tras un extenuante combate con unos corsarios ingleses en el Mar Caribe.

Ocurrió el 23 de julio de 1800 en el Golfo de México, a la altura de Nueva Orleans. Por aquellas aguas navegaba el bergantín correo Santa Rosalía cuando, a las nueve de la noche, fue abordado por el buque corsario inglés Dos Amigos, tal como recoge su nombre en el periódico mexicano. El buque, que estaba tripulado por setenta marineros, trató de abordar al navío español por la popa, pero el capitán Manuel Santos realizó una ágil maniobra, que logró desmontar uno de los cañones rivales, muriendo sus servidores en el choque.

Una vez abarloados los barcos, varios marineros británicos asaltaron el Santa Rosalía, pero fueron derribados. Dice la crónica del asalto que recoge el Gazeta de México, que los marineros hispanos lanzaron «un frasco de fuego» [una especie de cóctel molotov de la época, pero en cuyo interior llevaba pólvora] a la embarcación rival, antes de que cinco hombres, incluidos Ramón Piñón, asaltasen el Dos Amigos. A partir de ese momento se desencadenó un cuerpo a cuerpo brutal. Muerto uno de los asaltantes y heridos otros tres, solo quedó en el buque inglés el marinero vigués, que cubrió la retirada de sus compañeros.

A partir de ese momento, Piñón quedó solo en el barco inglés, mientras que sus compañeros huían. El marinero vigués comenzó a recibir heridas sin que consiguieran rendirle «hasta que al cabo de tres horas de haber sostenido tan extraña y valerosa acción, y de estar todo cubierto de su propia sangre y heridas, cayó como muerto sobre la cubierta, en cuya postura un marinero portugués, resentido de haber perdido a un hermano suyo en la refriega, le cortó a nuestro español la mano derecha por la muñeca».

La crónica de la Gazeta de México continúa señalando que el capitán inglés renunció a perseguir el correo Santa Rosalía, que contó 29 muertos entre sus filas, y que ordenó castigar al marinero portugués «esmerándose en la curación de Piñón, a el que con su continua asistencia y actividad de facultativo, pudo conservarle la vida».

El bravo marinero vigués estuvo dos meses y medio a bordo del buque rival, siempre con cuidados, y cuando estuvo a salvo su vida, fue desembarcado en Tabasco, al sur de México. Allí, ya enterado el gobernador de su acción, recibió todos los cuidados posibles durante cuatro meses. Una vez curado, el gobernador lo envió a la capital, donde fue recibido por el virrey, que dio cuenta de la historia a la Corte española, y preparó el regreso de Piñón a España.

En la crónica recogida por la Gazeta de México se describe a nuestro vecino: «De una talla menos que de fusilero, gordo de cuerpo, ancho de espalda, bastante membrudo, color rosado, ojos vivos, carirredonda, hoyoso de viruelas; su conversación sencilla como marinero, aunque se le percibe un espíritu fogoso y determinado; no tiene otra cosa con que conducir a la boca el alimento que los dedos índice y pulgar de la mano izquierda».

También se explica que el vigués contaba con 28 años y llevaba 16 en el servicio de correos de Su Majestad, donde había empezado como «pagecito de escoba»

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