Pesca estima que las cámaras a bordo serán obligatorias en el 2023

La flota critica que se le esté obligando a hacer un «desnudo integral» para vigilar el cumplimiento de una norma que «nació mal»


redacción / la voz

A pesar de que todavía está abierto el debate sobre la pertinencia de las cámaras a bordo de los barcos por cuestiones de confidencialidad del armador y la privacidad de los tripulantes, el Ministerio de Agricultura y Pesca ya da por hecho que esa tecnología acabará a bordo de los barcos y que, además, será obligatoria. Es más, Borja Velasco, subdirector general del Caladero Nacional, Aguas Comunitarias y Acuicultura, apuntó ayer una fecha estimada de esa imposición: el 2023. Antes tiene concluir la tramitación del reglamento de control y transcurrir los años que se suelen dar de carencia para determinadas medidas.

Ahora bien, Velasco sugirió que convendría ir instalando tanto las cámaras como el equipo de observación remoto que posiblemente deba acompañar ese circuito cerrado de televisión que Bruselas hará obligatorio para controlar que se cumple la obligación de desembarque (OD). Ocurre que ahora que es voluntario hay subsidios para instalar esos medios de control, líneas de ayudas que no existirán en cuanto la medida sea obligatoria.

«Desnudo integral»

Ni que decir tiene que los representantes del sector dejaron patente su malestar y objeción a instalar a bordo unos mecanismos de control, a su juicio innecesarios. Sergio López, gerente de la Organización de Productores de Lugo y moderador de la jornada sobre valorización y obligación de desembarque en la que intervino ayer Velasco, reprochó que a la pesca se le esté obligando a hacer un «desnudo integral». Aludió a que hace apenas un decenio, tres lustros como mucho, cada patrón tenía su know how, conocía las zonas más idóneas para desarrollar la actividad dependiendo de qué época y en eso basaba su éxito; ahora, con los medios electrónicos que se exigen, todo el mundo sabe dónde opera el patrón, a qué velocidad va su barco, de dónde viene y a dónde va... Las cámaras a bordo no son más que una prenda más en ese estriptis al que la flota se ve obligada. Y todo para vigilar «una norma [la prohibición de descartes] que nació mal, que se confundió primero con selectividad y ahora con control y que, como siempre, se vuelve en contra de la flota», criticó López.

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