Greenpeace acusa a un barco gallego de pescar tres tiburones zorro y sugiere que cortó a bordo las aletas
SOMOS MAR
La armadora del Naboeiro, el buque señalado por la organización, señala que actuó correctamente con las capturas incidentales y pide a la Administración que lo verifique
08 jun 2026 . Actualizado a las 17:25 h.La organización ecologista Greenpeace ha elegido el Día de los Océanos para divulgar su última investigación sobre lo que denomina pesca industrial y en la que el protagonista es un barco gallego al que asegura haber sorprendido realizando actividades ilegales en un área sensible, como es la zona de convergencia de las corrientes de Canarias y de Guinea, que la organización propone como futuro santuario marino.
En ese último informe, Greenpeace sostiene que en marzo de este año el palangrero de superficie Naboeiro, con base en Vigo, capturó tres ejemplares de tiburón zorro ojón (Alopias superciliosus), una especie cuya pesca dirigida está prohibida. Según los ecologistas, el Naboeiro habrá incumplido varias disposiciones de la normativa europea y española. Para empezar, aseguran, fueron subidos a bordo, «contraviniendo lo que establece la legislación pesquera de la Unión Europea (UE), que recoge que, si estos animales son capturados accidentalmente, tienen que ser liberados inmediatamente sin causarles daño alguno», señala Greenpeace.
Asimismo, en la legislación comunitaria impera la política de aletas adheridas y prohíbe cortar las aletas al escualo a bordo del barco. Según la organización conservacionista, el Naboeiro habría incumplido esa norma con los tres ejemplares, pues asegura que los tiburones «fueron cortados en piezas y parte de ellas fueron lanzadas por la borda». Entre las piezas descartadas estarían zonas del cuerpo con las aletas cortadas, lo que, para Greenpeace, indica «que estas aletas habían sido cercenadas a bordo».
Apunta, además, que el Naboeiro tiene la obligación de reportar las capturas, incluyendo los descartes, a través de su cuaderno diario de pesca (DEA). Greenpeace quiere comprobar que así lo ha hecho, por lo que, «en virtud del Convenio de Aarhus», solicita a la Secretaría General de Pesca (SGP) del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que es la que recibe esos datos, que lo revise, pues, «en el caso de que el Naboeiro no hubiera reportado los descartes de los tiburones identificados en las imágenes de Greenpeace, habría incumplido también la normativa europea de control. pesquero».
Desde Opnapa, la organización a la que pertenece Naboeiro, Edelmiro Ulloa señala que desde la casa armadora han admitido haber tenido esas capturas incidentales de tiburón zorro. Los ejemplares fueron subidos a bordo para su pesaje y medición antes de ser descartadas, puesto que está prohibido retenerlas a bordo. Asegura, asimismo, que fueron apuntadas en el diario electrónico de a bordo y como quiera que la propia Greenpeace pide a la Administración que investigue, lo más oportuno «es que la Secretaría General de Pesca estudie las imágenes, compruebe los datos y haga una verificación», señala Ulloa, convencido como están los armadores de que se han hecho las cosas bien. El también gerente de la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi), a la que está adscrita Opnapa, señala que la embarcación de Greenpeace estuvo tres días al lado del palangrero de superficie, con lo que «sería más que extraño que la tripulación hiciese algo incorrecto teniendo esa vigilancia». Desde el barco cuentan que los ecologistas entregaron a la tripulación una guía de buenas prácticas y manejo de estas especies y que desde el Naboeiro le correspondieron con un bizcocho. Por eso que «es mejor dejar a la Administración que actúe», apunta Ulloa.
Tratado de Alta Mar y ORP
No obstante, la organización no espera a tener esos datos para asegurar que «este caso pone de manifiesto una vez más como algunos barcos usan la impunidad de las aguas internacionales para saltarse la ley», apunta Ana Pascual, responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace. Sugiere, asimismo, que el Tratado de Alta Mar debería estar por encima de las organizaciones regionales de pesca: «Este saqueo y el bloqueo que han ejercido en las negociaciones las organizaciones regionales de pesca (ORP) amenazan con herir de muerte al histórico Tratado Global de los Océanos en el mismo año de su entrada en vigor, convirtiéndolo en papel mojado antes de que sus santuarios puedan ser declarados». Y acusa a la industria pesquera de intentar «hacerse con el control en las negociaciones que han tenido lugar para la preparación de la implementación del Tratado Global de los Océanos, previas a la celebración de la primera Conferencia de las Partes (COP) de océanos, que tendrá lugar en Nueva York en enero».
Ese pacto mundial, conocido también por BBNJ, establece la obligación de proteger el 30 % de los mares y océanos antes del 2030. Greenpeace demanda que se cumpla ese acuerdo, además de «frenar al lobi industrial» que a su entender pretende dominar la toma de decisiones en alta mar. Reclama, asimismo, mayor transparencia y acceso de la sociedad y la ciencia a los datos de captura y desembarques para «poder asegurar su papel como vigilantes del interés general reconocido por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH)» y un modelo de pesca sostenible, poniendo «fin a la pesca y acuicultura industriales, por los impactos negativos que generan sobre el medio ambiente y las poblaciones de peces, la destrucción de los hábitats, la pérdida de biodiversidad y las elevadas emisiones de CO2, y generar una transición justa que no deje a nadie atrás y transforme el sector pesquero hacia una pesca sostenible».
Vigilancia del cumplimiento de la normativa pesquera vigente: Hasta que desaparezca la pesca destructiva, Greenpeace exige que la Administración vigile de manera eficaz el cumplimiento de la normativa pesquera vigente y/o adopte un enfoque regulatorio más riguroso y restrictivo. Las sanciones a posteriori no previenen el daño que provoca el actual modelo de pesca industrial, por lo que se debe asegurar que ninguna especie marina se está abocando a la extinción. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más del 25% de las especies pelágicas de tiburón se encuentran amenazadas.