El CSIC demuestra la viabilidad de una biorrefinería para aprovechar los subproductos del cerco
SOMOS MAR
Ha conseguido extraer pasta de pescado, aceites omega 3, oleogeles y otros compuestos de valor de especies como sardina, xarda, cabalón o boga
19 mar 2026 . Actualizado a las 04:47 h.El Instituto de Investigacións Mariñas (IIM) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha finalizado dos proyectos de investigación que aportan soluciones prácticas para el sector pesquero artesanal, ambos desarrollados en el marco del programa Pleamar (de la Fundación Biodiversidad) y financiados por el Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (Fempa).
Uno de ellos es el proyecto Gelfish, que resume un título más largo: Producción de aceites estructurados de pescado para la valorización de descartes hacia una pesca costera artesanal sostenible. «Surgió —señala Luis Taboada Antelo científico titular del CSIC y director de la investigación que realizó el grupo de Biosistemas e Ingeniería de Birprocesos (Bio2Eng)— como respuesta a uno de los grandes retos de la pesca artesanal: el bajo aprovechamiento de biomasa marina y subproductos asociados a la cadena mar-industria». Así, frente al modelo lineal tradicional, el proyecto propone una biorrefinería capaz de recuperar pasta de pescado, hidrolizados proteicos, aceites ricos en omega 3, oleogeles y fracciones minerales, avanzando hacia un sistema de residuo cero alineado con los principios de economía circular, detalla el CSIC en una nota.
En el proyecto ha participado la Cofradía de Portosín, con la que el grupo ha trabajado en «la valorización de descartes pesqueros», de especies como la xarda, el cabalón, la sardina o la boga. «Los ensayos de procesado permitieron recuperar aproximadamente entre un 53 % y un 59 % de pasta de pescado (mince), junto con fracciones destinadas a la obtención de aceites y concentrados proteicos mediante hidrólisis enzimática. Los aceites obtenidos mostraron un perfil nutricional destacado, con elevados contenidos de DHA y EPA (entre el 19 % y el 29 %) y proporciones favorables de ácidos grasos poliinsaturados, así como niveles de metales pesados muy inferiores a los límites legislativos, incluso para aquellas especies menos conocidas como el cabalón o la boga», explica Taboada. Esos resultados confirman la alta calidad nutricional y la seguridad de los aceites recuperados a partir de subproductos pesqueros.
Otro avance ha sido el desarrollo de un método innovador para estructurar estos aceites en forma de oleogeles, lo que abre la puerta «a su incorporación en matrices alimentarias saludables como alternativa a grasas saturadas tradicionales». En términos de balance global, por cada tonelada de biomasa procesada se lograron rendimientos significativos en mince, aceite, fracción mineral y concentrados proteicos (FPH), demostrando la viabilidad técnica de una biorrefinería multiproducto adaptada a la escala de la pesca artesanal.
Erizo por metro cuadrado
El otro proyecto, denominado Perizia, fue también coordinado por el grupo Bio2Eng y contó con la colaboración del grupo Bioquímica de Alimentos, también del IIM-CSIC y la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores, con los pósitos de Ribeira, Cangas, Vigo y Baiona. Este ha permitido mejorar el conocimiento sobre las poblaciones de erizo de mar mediante el uso de tecnologías de observación subacuática. Para ello, se trabajó con un ROV (vehículo submarino operado remotamente) y sistemas de captura de imagen y vídeo, que, combinados con técnicas de análisis automatizado basadas en inteligencia artificial, ha permitido disponer de información más precisa sobre la distribución y densidad de esta especie de interés pesquero y ecológico. «Ahora se dispone de grandes volúmenes de datos de su estado real para la toma de decisiones efectivas y eficientes para su conservación y explotación sostenible».
Antelo explica que uno de los principales logros «ha sido el diseño, adaptación y prueba en condiciones reales de un sistema integral basado en vehículos operados remotamente (ROV) equipados con cámaras de alta resolución 4K para análisis visual detallado de las poblaciones de erizo, sistemas de iluminación reforzada para aguas profundas y turbias como las de las costas gallegas en las que se pesca este recurso, sensores de posicionamiento (DVL) para estimación de trayectorias, sistemas de referencia métrica mediante láser e integración de visualización inmersiva del pilotaje y telemetría del ROV mediante gafas de realidad aumentada».
Los resultados obtenidos permiten transformar vídeo subacuático en estimaciones cuantitativas de densidad (erizos por metro cuadrado), comparables entre zonas. Además, los datos pueden exportarse en formatos geoespaciales compatibles con sistemas de información geográfica (SIG), lo que permite generar mapas de calor y análisis espaciales detallados, destacan desde el equipo de investigación.