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El calentamiento del océano reduce la biomasa de peces en un 20 % cada año

somos mar REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

MONICA IRAGO

Un estudio del CSIC y la Universidad de Colombia constata que las olas de calor marinas, que propician aumentos de puestas en algunas zonas, han dejado obsoletos los modelos de gestión pesquera estáticos

25 feb 2026 . Actualizado a las 11:00 h.

Tras realizar 702.037 estimaciones en el cambio de la biomasa de 33.990 poblaciones de peces entre 1993 y 2021 en aguas del Mediterráneo, Atlántico norte y Pacífico nororiental, investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y de la Universidad Nacional de Colombia han constatado que el «calentamiento crónico y prolongado que sufren los mares desde el siglo pasado está detrás del descenso de casi el 20% anual de la biomasa de peces». Es la principal conclusión de un estudio que se publica en la revista Nature Ecology & Evolutiontal, que deja en evidencia, además, que los modelos de gestión pesquera estáticos están obsoletos.

Esas son las líneas gruesas de un estudio que sus autores creen crucial para mejorar la gestión pesquera y conservación de los ecosistemas marinos, de los que depende gran parte de la seguridad alimentaria mundial. Y es que a pesar de que algunas poblaciones de peces pueden aumentar con las olas de calor marinas extremas, cada vez más frecuentes, se trata, apuntan los investigadores, «de incrementos transitorios». Espejismos que pueden hacer perder de vista «el descenso silencioso y constante de la biomasa causado por el calentamiento crónico del océano», abundan.

Cuando se dan aquellos episodios, hay poblaciones que ganan y otras que pierden. En este bando están aquellas que ya habitan en aguas cálidas, con lo que se ven expulsadas de su zona de confort térmico —rango de temperatura ideal para la especie— por ese calentamiento y su biomasa puede desplomarse hasta un 43,4 %, según los investigadores. Por el contrario, aquellas que ocupan zonas más frías suelen ganar con el ascenso de las temperaturas y su biomasa aumentar hasta un 176 %. Ahora bien, «este aumento repentino, que puede parecer una buena noticia para la pesca», es temporal y, por tanto, si quienes toman decisiones de gestión pesquera se basan en ese incremento provocado por una ola de calor «corren el riesgo de provocar el colapso de las poblaciones cuando las temperaturas vuelvan a la normalidad o cuando el efecto del calentamiento a largo plazo se imponga», dice Shahar Chaikink, investigador del MNCN. Porque si se elimina «el ruido de los fenómenos meteorológicos a corto plazo», los datos dejan al descubierto lo que han comprobado estos científicos: que el calentamiento «se asocia con un descenso anual continuado de la biomasa de hasta el 19,8%», añade Chaikin y corrobora Juan David González Trujillo, de la Universidad de Colombia.

La gestión pesquera tradicional no se ajusta al ritmo del cambio climático

En ese escenario no es difícil intuir que «el enfoque tradicional de la gestión pesquera ya no se ajusta al ritmo del cambio climático». Como el caso de la UE y su estabilidad relativa. Y para garantizar el futuro de los recursos pesqueros globales, los autores proponen un marco en tres niveles que combina respuesta rápida, planificación a largo plazo y cooperación internacional. Porque los peces, en esa búsqueda de su zona de confort térmico, cruzan fronteras y, así, «la población de una especie en puede estar en declive en un país, pero en auge en otro», con lo que una conservación eficaz requiere «coordinación internacional y acuerdos conjuntos de gestión de recursos».

Pero sobre todo la gestión ha de estructurarse teniendo en cuenta ese descenso continuado que se ha documentado. No pueden dejarse llevar por los cantos de sirena de un bum derivado de una ola de calor. «Los gestores deben equilibrar con extrema cautela los aumentos localizados con los descensos a largo plazo para evitar la sobreexplotación», señala Miguel B. Araújo, también del MNCN-CSIC. Por tanto, «a medida que continúe el calentamiento del océano, la única estrategia viable es priorizar la resiliencia a largo plazo. Las medidas de gestión deben planificar el descenso de biomasa que se espera ante un océano cada vez más cálido», concluye.

«Distinguir entre desplazamientos y cambios en el ‘stock' seguirá siendo un reto»

El estudio del MNCN-CSIC  y la Universidad Nacional de Colombia es «metodológicamente sólido y de gran valor» sobre cómo el calentamiento oceánico afectan a la biomasa de peces, señala a SMC España Guillermo Ortuño, codirector del grupo de especialistas en Alta Mar de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), aparte de ser coherente con otros mensajes lanzados por la literatura científica. Ahora bien, hay cuestiones que requieren una mayor investigación, cree. Así, «distinguir entre desplazamientos y cambios netos de biomasa seguirá siendo un reto científico clave», por lo que deberían aplicarse las herramientas de modelaje espacial existentes para intentar predecir estos cambios de distribución.

Ortuño subraya también la necesidad de evitar una narrativa simplista que atribuya los cambios de biomasa exclusivamente al cambio climático, dejando de lado la sobreexplotación pesquera, que «históricamente ha sido el principal determinante de las disminuciones de biomasa en muchas pesquerías del mundo», dice.

En cuanto a las políticas públicas, destaca que el estudio subraya que los sistemas de gestión deben volverse más adaptativos al clima.

Carlos García-Soto, investigador del IEO-CSIC), responsable de la Unidad de Evaluación del Sistema Océano-Clima, señala a SMC que las políticas no pueden reaccionar únicamente a eventos extremos ni basarse en señales de corto plazo. Necesitan coherencia entre ciencia, planificación y gobernanza, especialmente en ecosistemas compartidos o en alta mar.