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El atún rojo se muda a Groenlandia

somos mar REDACCIÓN / LA VOZ

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Un ejemplar de atún rojo
Un ejemplar de atún rojo azti

Un estudio internacional liderado por Azti constata que el calentamiento del océano empuja la especie hacia el norte y pierden importancia ecológica áreas de reproducción como el Mediterráneo o el golfo de México

18 feb 2026 . Actualizado a las 04:47 h.

No es nada nuevo que el calentamiento global está cambiando la distribución de las especies marinas. La merluza llega a Noruega, la xarda también se ha ido hacia el norte, el jurel se va más al fondo y el atún rojo se traslada a Groenlandia. Lo han comprobado investigadores de Azti, el centro tecnológico del País Vasco, que han liderado un estudio internacional que analiza «cómo el calentamiento del océano está empujando al atún rojo hacia el norte, mientras que áreas de gran importancia ecológica como el Mediterráneo y el golfo de México podrían volverse cada vez menos adecuadas para su reproducción».

La investigación, que ha sido publicada en la revista Fish and Fisheries, muestra que, a medida que el océano se calienta, el atún rojo se desplazará en busca de aguas más frías y productivas, instalándose en zonas más septentrionales, como el norte de Europa, el entorno de Groenlandia o el Atlántico nororiental.

De esta manera, las dos principales áreas de reproducción de la especie, que son el mar Mediterráneo y el golfo de México, podrían volverse mucho menos adecuadas para los ejemplares adultos. Así, situándose en el escenario más pesimista de emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, los investigadores de Azti advierten que la idoneidad del hábitat en el Mediterráneo podría reducirse en un 27 %, mientras que la del golfo de México podría descender hasta en un 70%, lo que comprometería el éxito reproductivo de la especie a largo plazo.

«El atún rojo muestra una gran capacidad de adaptación, pero nuestras proyecciones indican que el cambio climático está alterando el equilibrio entre las zonas donde se alimenta, donde se reproduce y donde opera la pesca», explica Maite Erauskin-Extramiana, autora principal del estudio. Por eso es «fundamental incorporar progresivamente los impactos previstos del cambio climático en los sistemas de gestión, de modo que podamos anticiparnos y administrar los recursos de manera más eficiente y sostenible».

El trabajo también analiza la evolución de las especies de las que se alimenta el atún rojo, como la sardina, la caballa o el calamar, que también se han desplazado hacia latitudes más altas, «lo que genera nuevas áreas donde el atún y sus principales presas se solapan, especialmente en regiones boreales». Estas zonas podrían actuar como refugios climáticos o nuevas áreas especialmente favorables en el futuro.

«El cambio climático no solo afecta a los ecosistemas, también a la forma en que gestionamos los recursos marinos. Anticiparnos a estos desplazamientos es clave para proteger tanto la biodiversidad como los medios de vida que dependen de ella», apunta Erauskin-Extramiana.