Aetinape conmina a que el control de despachos sea a bordo, presencial, no por Internet
SOMOS MAR
Critican que cuatro años después de la tragedia del Villa de Pitanxo no se haya adoptado medida alguna, ni siquiera la de imponer que los barcos se refugien en puerto o naveguen a la capa cuando se llegue a fuerza ocho
14 feb 2026 . Actualizado a las 04:45 h.La Asociación Española de Titulados Náutico-Pesqueros (Aetinape) reprocha que, cuatro años después de la tragedia del Villa de Pitanxo, la Administración marítima española no haya tomado medida alguna ni atendido las recomendaciones que pusieron entonces sobre la mesa los profesionales. Para empezar, señala que habría que reforzar las inspecciones, y el control de los despachos debería ser a bordo, y no por Internet.
Entre las sugerencias que Aetinape hacía entonces y repite ahora está la de obligar a aquellos barcos que faenan en zonas de alto riesgo, entre duras condiciones climatológicas y aguas gélidas, a dotarse de equipamientos tecnológicos punteros, así como botes de rescate insumergibles, «mucho más eficaces en situaciones extremas que la actuales balsas salvavidas», señalan. Otra de sus propuestas fue la de adoptar lo que ya se hace en otros países del norte de Europa y obligar a que, a partir de unas determinadas condiciones meteorológicas —como puede ser a partir de fuerza 8, sobre 40 o 45 nudos de viento), los buques naveguen a la capa o arriben al puerto más cercano. Esta normativa, dicen, debería tomarse por consenso entre todos los ámbitos de la pesca, «para combinar las condiciones de competitividad entre buques y empresas, con la imprescindible mejora en la seguridad de las tripulaciones».
Seguridad jurídica
Esta medida, además, es clave para reforzar la seguridad jurídica de los mandos del buque, más allá de la presión que puedan recibir para arriesgar al límite las faenas de pesca, haciendo prevalecer en cualquier caso la seguridad de las tripulaciones por encima de la ansiedad productiva.
Por otra parte, las tripulaciones que faenan en estas aguas deberían trabajar con un traje de supervivencia que sea intrínsecamente aislante, insumergible y dotado de baliza personal de localización, tal y como ocurre con los chalecos salvavidas. Este tipo de indumentaria permite que en caso de caer al mar, la temperatura de su cuerpo no descienda más de dos grados centígrados tras seis horas en el agua.
Estas reformas «serían el mejor homenaje a las víctimas de los accidentes marítimos».