Investigadores del Oceanográfico de A Coruña y del Instituto de Ciencias del Mar revelan dónde desova, cuándo y por qué
08 feb 2026 . Actualizado a las 04:50 h.De caladeros comunitarios y de aguas nacionales, la merluza es el pescado que más ingresos genera en las lonjas gallegas. Después de que a mediados del año pasado investigadores gallegos publicasen su descubrimiento de que el sexo de la Merluccius merluccius se determina de modo parecido al de los humanos, un equipo científico del Centro Oceanográfico de A Coruña y del Instituto de Ciencias del Mar (Barcelona) desvela otro aspecto, «esencial» para proteger a los reproductores y «fundamental» para diseñar estrategias de pesca sostenibles. Tras reconstruir «con gran detalle» los lugares de desove entre el 2009 y el 2022, concluyen que la merluza del Atlántico ibérico elige el norte de Galicia para criar. «Selecciona activamente» áreas situadas al borde de la plataforma continental, a profundidades de entre 100 y 200 metros, en una franja que aproximadamente se concentra entre el norte de Valdoviño y Burela, aunque comienza al norte de Malpica y llega al nordeste de Ribadeo, con zonas secundarias entre el suroeste de Fisterra y Muros y una más pequeña al norte de la bahía Santander.
Cristina García-Fernández, Jaime Otero, María Grazia Pennino y Paz Sampedro, del Centro Oceanográfico de A Coruña y del Instituto de Ciencias del Mar (Barcelona), publican en la revista ICES Journal of Marine Science su investigación «Revelando los patrones de desove de la merluza europea a partir de datos pesqueros». En un comunicado, el Instituto Español de Oceanografía (IEO) añade que ha sido financiada por el Programa de Ciencias Mariñas de Galicia, incluido en el nacional, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, con dinero de la Xunta, del NextGeneration y del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (Fempa).
«Notable fidelidad»
La investigación sugiere que la merluza cría en zonas «donde el quiebre de la plataforma actúa como una barrera natural» y donde una combinación de condiciones ambientales favorables «mejora la supervivencia larvaria». Si bien este pez «demuestra una notable fidelidad a sus áreas de desove», tienden a extenderse hacia el este, a la costa cantábrica. Y aunque se reproduce durante todo el año, el mayor pico se registra en diciembre y marzo, cuando la temperatura del fondo marino oscila entre 10 y 12,5 grados. «Se observa una tendencia significativa a que los barcos pesquen —y, por tanto, las hembras desoven— a mayor profundidad en los últimos años», expone Cristina García-Fernández.
Son parte de las conclusiones a las que han llegado a través de un «enfoque indirecto y novedoso»: utilizan registros de ventas de huevas como indicador de la presencia de hembras en fase de desove y los combinan con información sobre la geolocalización de los pesqueros que las capturaron y de las condiciones ambientales oceanográficas. Al aprovechar los datos de la pesca, el método que han empleado permite «reconstruir con gran detalle los patrones de puesta». Además, «ofrece una cobertura espacio temporal más precisa que los muestreos científicos».
Identificar las zonas habituales de desove y conocer su vulnerabilidad durante los picos reproductivos «es esencial para establecer medidas de gestión espaciotemporales, como vedas en zonas y épocas críticas», señala el IEO, organismo adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Por tanto, los resultados de esta investigación se consideran «un complemento muy útil para mejorar la gestión de la pesquería de la merluza».