Un petrolero ruso amenaza con causar una catástrofe ecológica frente a la costa de Almería
SOMOS MAR
El buque quedó a la deriva el 22 de enero en pleno Estrecho de Gibraltar y podría haber ocasionado un accidente con consecuencias «fatales»
28 ene 2026 . Actualizado a las 19:58 h.Un petrolero ruso que navega en la clandestinidad y en condiciones precarias cargado con 68 millones de litros de petróleo ha hecho saltar las alarmas en la costa de Almería. El Chariot Tide es uno de los 600 buques que forman parte de la flota fantasma que trata de evitar las sanciones internacionales que recaen sobre Moscú por la invasión a Ucrania. Las condiciones en las que operan estos viejos cargueros aumentan exponencialmente los riesgos de accidente y catástrofe ecológica, y según ha denunciado Ecologistas en Acción de Andalucía, el buque localizado frente al litoral almeriense quedó a la deriva en plena vía de tráfico marítimo en el estrecho de Gibraltar, una situación «alarmante» y con «alto riesgo de accidente fatal» que se agrava en zonas de estrangulamiento marítimo especialmente transitadas, como ocurre en este paso mediterráneo.
Con bandera de Mozambique y supuesto destino Tánger (Marruecos), el 22 de enero el buque quedó sin gobierno, a la deriva de las corrientes, justo en la vía sur del Estrecho, donde dos remolcadores marroquíes acudieron a su rescate. La oenegé ha solicitado a Salvamento Marítimo que extreme la vigilancia frente a las costas de Almería, a lo que las autoridades han contestado que «monitorizan la situación en todo momento». Insisten en que la embarcación, de 195 metros de eslora y cargada con unos 425.000 barriles, está siendo escoltada por el buque Clara Campoamor y confirman que esta «navega a apenas un nudo de velocidad», lo que confirmaría los problemas en su sistema de mando.
Prácticas de riesgo
Los ecologistas aseguran que estos buques fantasma realizan prácticas cuestionables como el drifting prolongado ?dejar el barco a la deriva?, las transferencias buque a buque en zonas sensibles o el apagado de los transpondedores, que ocultarían su posición pero también les cegarían al no poder recibir información de otras embarcaciones. Este tipo de operativas «multiplica el riesgo de colisiones, varadas o vertidos a gran escala», que se suma a los «continuos cambios de nombre, bandera y empresa gestora» que utilizan para dificultar su seguimiento.
Los activistas denuncian que el trasiego de crudo ruso e ilegal es cada vez más habitual en la zona del Mediterráneo, concretamente en el mar de Alborán. Un naufragio o vertido del Chariot Tide o cualquier otra nave de estas características tendría consecuencias «devastadoras» y los daños sobre la pesca y los valores ambientales «serían irreparables».
El Chariot Tide emprendió su trayecto el 30 de diciembre en el puerto de Ust-Luga, al noroeste de Rusia, según los datos de seguimiento del tráfico marítimo de Global Fishing Watch. Los ecologistas han advertido de que, «por su trayectoria y rumbo actual», no se descarta que el combustible que transporta pueda acabar introduciéndose en el mercado a través de puertos en Argelia o mediante pequeñas embarcaciones que descarguen el suministro bajo documentación falsa de exportación. Una situación que se ha repetido «en numerosas ocasiones» y el colectivo asegura haber denunciado reiteradamente.
Aguas europeas
Los cargueros rusos navegan en la clandestinidad por todo el mundo y son varios los aliados europeos los que han tenido que activar a sus guardias costeras para tratar de detener las exportaciones que financian la guerra en Ucrania. El 22 de enero, Francia interceptó al Grinch en las mismas aguas en las que se encuentra ahora el Chariot Tide, y en septiembre realizaron una operación similar contra el Boracay.
El Grinch, de 249 metros de eslora, aparece con ese nombre en el registro de buques sancionados del Reino Unido, pero en la lista elaborada por la Unión Europea y Estados Unidos se identifica como Carl. Este sábado su capitán, un ciudadano indio de 58 años, fue detenido y puesto a disposición de la Fiscalía de Marsella, donde ha quedado retenida la embarcación que salió de la ciudad portuaria rusa de Murmansk y que está siendo examinada por las autoridades portuarias galas.
Asimismo, la Marina británica también ha llevado a cabo operaciones similares en los últimos días. El 23 de enero, en un plan coordinado con otros miembros de la OTAN, dos barcos patrulla y un helicóptero Wildcat siguieron de cerca al petrolero MT General Skobelev y al buque de guerra ruso Boiki que lo acompañaba mientras surcaban el canal de la Mancha. Las naves se dirigían hacia el norte donde, una vez fuera de su jurisdicción, los británicos entregaron el monitoreo a otro aliado.
En las últimas semanas, la Alianza Atlántica ha intensificado la vigilancia en sus aguas para restringir las exportaciones rusas. La armada británica, por ejemplo, realiza misiones de observación rutinarias que monitorean cualquier posible amenaza a la seguridad nacional, incluyendo infraestructuras críticas como cables submarinos o tuberías.