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La pesca argentina celebra el acuerdo del Mercosur, pero espera los detalles

Cecilia Valdez
Cecilia Valdez REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

Juan Pablo Pino | EFE

A la espera de lo que ocurra tras la paralización del pacto por parte de la Eurocámara, la paulatina reducción de aranceles al langostino permitirá competir en mejores condiciones con otros productos similares de distinto origen

22 ene 2026 . Actualizado a las 04:46 h.

El sábado a mediodía, en la hora local de capital paraguaya Asunción, la Comisión Europea y el Mercosur (Mercado Común del Sur, el Mercosur que une a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) sellaron el acuerdo comercial alcanzado después de 25 años de negociaciones. Aunque ahora frenado porque la Eurocámara ha pedido al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) que evalúe si el acuerdo UE-Mercosur respeta los Tratados de la Unión, el sector pesquero argentino espera con ansias los detalles de un documento que todavía debe ser ratificado por las partes. Las empresas gallegas con presencia en el país andino lo celebran por anticipado, aunque preocupa la falta de definiciones en relación a los derechos de exportación.

«El acuerdo es muy bueno, ya que la UE es uno de los principales destinos de la pesca argentina», sostiene Fernando Álvarez Castellano, presidente de Conarpesa, una compañía participada en un 42% por la multinacional gallega Wofco, radicada en O Morrazo. Su entusiasmo lo comparten casi todos los ejecutivos de las pesqueras de origen gallego que operan en Argentina, como Eduardo Vieira, director de Vieirasa, y Roberto Crespo, de Pesquera Deseado (Grupo Profand). También satisface a Eduardo Boiero, presidente de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la Argentina.

Actualmente, la merluza argentina que se exporta a la UE paga un arancel del 15 %, la vieira del 8, el calamar entre el 6 y el 8, y el langostino entre el 12 y el 20%. «Salvo el langostino (que irá reduciendo su costo en entre 4 y 8 años) el resto de las principales especies tendrán una desgravación inmediata al 0 %, lo que permitirá competir en mejores condiciones con similares productos de otros orígenes, como el vannamei», indica Crespo.

Vieira también cree que es positivo, aunque es consciente de que en Europa hay sectores que no opinan lo mismo: «Para las empresas pesqueras de Argentina, con una alta participación de capital español, es una ventaja, pero lo es mas para el consumidor, pues va a redundar en mejores precios en los mercados». Aparte de que, añade, «cumplimos con los mas altos estándares de calidad, ya que Europa ha sido el principal mercado histórico para la pesca Argentina y el mercado en España no se entiende sin productos como el gambón o la merluza y la pesca Argentina no se entiende sin las empresas españolas».

Por ahora solo han circulado borradores del acuerdo. Si bien la rebaja de aranceles supone mejoras con las que se beneficiarán las compañías, también están quienes advierten por la falta de incorporación de medidas que atañen a las retenciones o, lo que es lo mismo, los derechos de exportación que cobra Argentina.

«La pesca es de los pocos sectores que no ha tenido modificaciones, o reducciones, desde la gestión del (ex presidente, Mauricio) Macri», opina Boiero. Para Álvarez Castellano se trata de «la asignatura pendiente de todos los Gobiernos»; y aunque el de Milei realizó cambios en el esquema de impuestos que paga el sector agrario, no fue así para la pesca: «Al campo, que emplea mucha menos gente y son todos millonarios, sí; pero a la pesca no. Igualmente confío en que este gobierno lo va a hacer».

La asociación estratégica entre el Mercosur y la UE implica la integración de un mercado de 800 millones de habitantes, con un PIB conjunto equivalente a una cuarta parte del PIB mundial. La alianza se sella en un momento geopolítico muy particular, de disputa de mercados entre China y Estados Unidos, y según Antonio Costa, titular del Consejo Europeo, «es un mensaje para el mundo de defensa del multilateralismo».

También están quienes opinan que esto representa un beneficio mayor para Europa que para el bloque sudamericano, ya que lo hace aún más dependiente de la comercialización de materias primas en detrimento de su industria.