La naviera no tenía una rampa por la que el vecino de Nigrán, en silla de ruedas, pudiera subir a bordo. «De no ser por los demás pasajeros nos habrían dejado en tierra», cuenta su hermana
02 jul 2025 . Actualizado a las 01:50 h.Nacho, usuario de la Asociación de Familias e Persoas con Parálise Cerebral (Apamp), y su hermana Miriam no entendían ayer cómo una naviera que ofrece un servicio regular entre Vigo y Cangas no tenía una rampa por la que su silla de ruedas pudiera subir al barco. «Nos dijeron que nos teníamos que quedar en tierra», cuentan. «Fue una experiencia muy mala. No piensan en nosotros», añade Nacho. El acceso era de madera, con desniveles y una pendiente que el motor de la silla de Nacho no podía subir. La tripulación no le daba ninguna solución. Miriam veía la rampa de metal que necesitaba su hermano allí al lado, pero estaba cerrada con un candado. «Decían que habían perdido las llaves», continúa. Querían irse sin ellos, pero el resto de pasajeros no lo permitió. «Si Nacho no sube, nosotros tampoco», gritaron varios. Todos se plantaron contra la naviera hasta que llegó un barco de Cíes, que sí tenía las llaves de la rampa de metal, y pudieron subir. «De no ser por ellos nos habrían dejado en tierra», dice Miriam.
Nacho vive en la residencia de la Apamp en Vigo, pero se mueve de forma autónoma en su silla de ruedas para visitar a sus padres en Nigrán y a su hermana Miriam en Cangas. Se mueve siempre en transporte público. «Cuando viene aquí yo voy hasta Vigo para acompañarlo en el barco», cuenta Miriam, que ya se temía lo peor cuando llegó al puerto a las 11.00 horas. «Tenían puesta la rampa de madera y yo les avisé que iba a venir Nacho», cuenta. Les pidió que colocaran la de metal, pero el tripulante «respondió con muy malas formas», indica. Subió y, poco después, el capitán habló con ella para pedirle disculpas. En Vigo no tuvieron problemas y Nacho subió al barco como hace siempre. Al llegar a Cangas, la rampa de madera seguía allí. Lo bajaron con la ayuda de tres tripulantes porque «la marea estaba baja y no había tanta pendiente, pero ya no me gustó nada el detalle», continúa.
Nacho y su hermana se temían lo peor y así fue. A las 19.00 horas se volvieron a encontrar la rampa de madera. «Qué impotencia. No entiendo cómo puede pasar esto», lamenta Miriam, que ya presentó una reclamación y también fue a la Xunta a contar lo que había pasado. «No me saco el dolor de cabeza del disgusto y la impotencia», indica. Tampoco tiene palabras para agradecer la solidaridad del resto de pasajeros. Nacho tampoco los olvida. «Muchas gracias por todo. Vuestro apoyo fue muy importante», dice. Él tampoco perdió la calma mientras esperaba. Por desgracia, no es la primera vez que le pasa algo así. Varios conductores del bus que une Vigo con Nigrán se negaban a sacar una rampa de acceso para no perder tiempo, pero «eso ya hace años que está solucionado», cuentan. «No queda otra que seguir, pero la sociedad tiene que entender que esto es un derecho universal», añade.
Lo más «indignante» para los dos fue ver que la rampa de metal estaba allí al lado. «No entiendo cómo no puede ser accesible y que no tenga una llave», indica. Miriam cuenta que ante la presión de los pasajeros uno de los tripulantes intentó romper la cadena con unos alicates: «En fin surrealista», dice la hermana de Nacho.
Desde Apamp también han querido expresar «nuestro profundo malestar» ante la situación y exigen a la empresa responsable del transporte de ría que «tome medidas inmediatas y contundentes para garantizar la plena accesibilidad de todas sus embarcaciones y servicios. Esto incluye la revisión y mejora de todas las infraestructuras, la capacitación del personal para una atención inclusiva y el estricto cumplimiento de la normativa sobre accesibilidad universal». Además, también instan las autoridades competentes a que supervisen de cerca estas situaciones y actúen con firmeza para asegurar que este tipo de incidentes no se repitan. Su idea ahora es denunciar junto a la Confederación Aspace.