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El libro de Ernesto Penas del que todos hablan menos Ernesto Penas

S. M. REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

PEPA LOSADA

El ex funcionario de la UE cuenta por qué no hay que dejar de comer pescado

08 jul 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Últimamente, en cada foro de pesca se habla de su libro. Y, sin embargo, Ernesto Penas evita referirse a él. Se mentó en el segundo Foro Azul que celebró en junio en el marco del festival Mar de Mares en A Coruña. Se escuchó hablar de él a más mil millas de distancia de allí, en Tenerife, en el sexto Encuentro de los Mares, por boca del secretario general de la patronal pesquera, Javier Garat. Y volvió a saberse del volumen en la jornada contra la pesca ilegal en la coruñesa Plaza de Lugo de hace escasas semanas en la que el propio Ernesto Penas estaba presente y evitó referirse a La proteína azul que lleva su firma.

Si el título gusta al sector pesquero, ese que antaño lo tenía enfilado por su escrupulosa acción como alto funcionario en la Dirección General de Asuntos Marítimos y Pesca (DG Mare), más lo hace la segunda parte del mismo: Por qué no hay que dejar de comer pescado. En ese ensayo Penas, que ahora es presidente de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (Iccat, por sus siglas en inglés) defiende a la pesca de los duros ataques del conservacionismo ambiental extremo que posiblemente escondan intereses opacos con su mensaje de dejar de comer pescado para salvar los océanos cuando una actividad extractiva sostenible es necesaria para dar de comer a las casi 10.000 millones de bocas que poblarán el mundo en el 2050.

Sin referirse a su libro, Penas aludió en el segundo Foro Azul a esa presión medioambientalista que sitúa a la pesca al frente de todos los males que le ocurren al océano. A eso ayudan las gráficas que muestran que los recursos pesqueros, en general, están mal y eso lleva a los conservacionistas a pedir «la prohibición de pescar en alta mar, reclamar áreas marinas protegidas y poner todas las barreras a la pesca». Pero si se observan en detalle esas gráficas, apunta Penas, se aprecia que el desastre va por barrios. «Que es allí donde no hay gestión pesquera» donde flaquea la sostenibilidad biológica. Así, mientras «en Alaska el 90 % de los recursos se explotan a niveles sostenibles, en el mar del sur de China no lo está ni el 5 %, mientras algunas zonas de África alcanzan un 30 %, lo mismo que en el Mediterráneo». Es decir, que «allí donde hay gestión pesquera los recursos están bien».

Factores geoestratégicos

Y en este sentido Penas destaca una amenaza para la sostenibilidad derivada de factores geoestratégicos. Reside ya no en la fijación de un total admisible de capturas (TAC), sino de su reparto entre los países. Puso como ejemplo la propia organización regional de pesca (ORP) que preside, la Iccat, por el carácter de altamente migratorias que tienen las especies que gestiona. «Todos los países tienen acceso en sus aguas a esas especies y estos Estados en desarrollo, de África, por ejemplo, ponen en cuestión el statu quo que favorece a partes como Europa o Japón». Esas aspiraciones, «legítimas por otra parte», no suponen un problema si hay un acuerdo sobre su reparto pero sí si no lo hay y el límite no se respeta. Ahí está la cuestión geopolítica porque «la industria europea tiene que renunciar a cuotas para que las tengan otros países». No ocurriría nada si esos cupos que cede la UE caen del lado de países con los que tienen tradición de cooperación a través de acuerdos de pesca o licencias privadas, pero «cosa es que se ceda cuota a ciertos Estados que no tienen capacidad de pescarlas y acabe vendiendo esas cuotas a otros países extracomunitarios como puede ser China».

Para evitar ese problema que puede dar al traste con la sostenibilidad de los stocks que gestiona la Iccat, Penas receta transparencia en el uso de las cuotas por parte de cada país. No se trata de decirle «qué debe hacer con las cuotas que se le otorgan, porque son Estados soberanos», pero sí obligarlos a informar de qué se hace con ellas. Porque si «yo cedo cuotas para que tú tengas más, pero resulta que se las vendes siempre al mismo, a lo mejor también tengo derecho a no entusiasmarme con el intercambio».

Un segundo factor es, dice, hacer que los acuerdos sean revisables. «Poner la coletilla de que el pacto se reevaluará en un espacio de tiempo». Eso permite que «si tras una negociación te das cuenta de que has cedido demasiado y otros se han aprovechado, que el mal no esté hecho de por vida, sino que se puede corregir».

El presidente de la Iccat anima al sector a dejar de estar a la defensiva y pasar a la ofensiva

Penas, que estuvo más de tres decenios en el Dirección General de Asuntos Marítimos y Pesca (DG-Mare) y ahora preside la Iccat, sostiene que es hora de que el sector pesquero, que siempre ha estado a la defensiva, pase a la ofensiva. A hacer frente a las campañas de «cierto tipo de ecologismo» y se presente como parte de la solución de lograr un sistema sostenible. Aseguró que existen amplias posibilidades de hacerlo a través de la cooperación con ciertas oenegés, alejadas del extremismo de aquellas que presentan a la pesca extractiva como el principal problema y no como parte de la solución.

En este sentido, Penas, en el Foro Azul, recomendó estar ojo avizor con las dos nuevas convenciones que tienen que aplicarse en los próximos años. Una la de la biodiversidad, que dispone que en seis años tendrán que estar protegidas el 30 % de las aguas marinas, y la otra es el Tratado de Alta Mar, conocido por sus siglas en inglés, BBNJ, que también establece objetivos para conservar en alta mar. La pesca extractiva tiene que estar presente en los debates, «asociarse y reclamar ser escuchado» para seguir teniendo un hueco.

Pero frente a todas las amenazas que se le presentan al sector y a su producto, al que la acuicultura y la food tech están estrechando su porción de contribución a la seguridad alimentaria, todavía le queda un importante nicho, un espacio vital «porque dispone de un producto de alto valor, calidad y cualidades», una proteína azul que, piensa Penas, no hay que dejar de comer, por muchos cuentos y storytelling como Seaspiracy.