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El desastre marisquero: «En Combarro solo ves muerte y piensas, ¿de qué vamos a vivir?»

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

SOMOS MAR

Ramón Leiro

Pedro cuenta que él y su mujer dependen del marisqueo. Maite también. La playa se llena de historias llenas de tristeza en Poio

02 dic 2023 . Actualizado a las 08:12 h.

El mar, además de almeja muerta, devuelve estos días historias tristes en Combarro, en la ría de Pontevedra. Es viernes y los mariscadores a pie acumulan ya cinco días de trabajo. No es una semana cualquiera. Volvieron al mar a ver qué se encontraban; querían saber si la tregua dada por la lluvia había hecho que la almeja se recuperase y la mortandad que se habían encontrado hace quince días era solo un mal sueño de noviembre. Pero no hubo suerte. Están cogiendo los topes con muchísimo trabajo —y eso que pusieron una cuota mínima de cinco kilos de babosa por profesional— y los ánimos están por los suelos. «Esto nos viene grande. Está todo perdido, la campaña de Navidad será un fiasco, los primeros meses del 2024 van a ser durísimos. No puedo pensarlo. Somos casi quinientas familias sin ingresos», dice Raquel Gómez, presidenta del marisqueo en la cofradía de Pontevedra. Ahoga un suspiro y le pide a Pedro que hable. Porque Pedro es uno de esos casos que dan pavor; en su casa los ingresos vienen todos del marisco.

Pedro y su mujer, de Poio, llevan años como mariscadores. Y nunca se vieron en una situación como la actual, en la que en el último mes no ingresaron prácticamente nada. Con todo, él cree que aún no están viviendo lo peor: «La Navidad la pasaremos e iremos tirando de ahorros, pero lo peor serán los meses de después. Esta es una crisis larga. En Combarro solo ves muerte y piensas, ¿de qué vamos a vivir?». Le lanza un dardo al alcalde de Pontevedra: «Tiene aquí a cientos de familias sufriendo, no le escucho acordarse de nosotros».

Hay quien prefiere no verbalizar por lo que está pasando. Hunde el sacho e intenta coger los topes mientras aparta almeja muerta. Maite sí accede a hablar. Ella y su pareja, Daniel, consiguieron juntos el permex para el marisqueo. Él venía de la construcción y ella del sector del comercio. Creyeron que habían encontrado un medio de vida. Ahora ya no lo tienen tan claro: «La situación es desesperada. Tenemos un niño, tenemos que pagar los seguros de los dos...», indica. Y añade: «Estamos tirando de ahorros y de la familia, es muy duro».

Unos tras otros afloran los dramas que se viven a cuenta de la mortandad de marisco. Nadie quiere hablar en voz alta de la Navidad. «Es que nadie está para fiestas», resume una mujer.