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Amonestación internacional a Greenpeace por el «robo» de aparejos a pesqueros gallegos

Somos Mar REDACCIÓN/ LA VOZ

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Pedro Armestre

Sector y algunas oenegés censuran la sustracción de palangres a un barco de Burela y otro de A Guarda

03 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Igual que buena parte de la sociedad, ecologistas históricos incluidos, censura los atentados contra obras de arte de quienes se erigen en defensores del medio ambiente, parte de los asistentes a la última reunión de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (Iccat, por sus siglas en inglés) reprobaron lo que Javier Garat, presidente de la patronal pesquera comunitaria Europêche, definió como «el robo» por parte de la oenegé Greenpeace de aparejos de dos palangreros de superficie gallegos, el Siempre Perla y el Segundo Ribel. A la amonestación pública internacional incluso se sumaron algunas oenegés, asegura José Beltrán, técnico de la Organización de Productores Pesqueros Puerto de Burela, a la que pertenece el Siempre Perla.

Buena prueba de que todavía colea el penúltimo hostigamiento de Greenpeace a pescadores gallegos que operaban legalmente, como reconocieron a final de julio desde esa oenegé. Optaron por llamar «confiscar» a la sustracción de líneas de palangre de superficie desde su buque Artic Sunrise en aguas del Atlántico norte, un total de 30,2 kilómetros de líneas con 286 anzuelos, parte de los aparejos de los dos buques gallegos. Querían demostrar lo que bautizaron como «horrores», refiriéndose a la capturas de especies autorizadas con las que también se quedaron. Citando a los conservacionistas de Greenpeace, Europêche las recordó días atrás en el Algarve (Portugal), donde se reunió la Iccat: siete peces espada y una tintorera, ambas gestionadas «de forma sostenible» por esa organización regional de pesca.

«La pesca con palangre está sujeta a autorización y cuotas, y la retención a bordo de las capturas debe estar sujeta a múltiples declaraciones. Esperamos que el barco de Greenpeace haya sido efectivamente controlado por inspectores de pesca en el primer puerto europeo al que llegó», declaró Javier Garat en la cumbre donde la acción de esa oenegé fue reprobada públicamente.

Cuando el Artic Sunrise se apropió de parte de los aparejos de los dos barcos gallegos, desde la Organización de Palangreros Guardeses (Orpagu), a la que está adscrita el Segundo Ribel, solicitaron amparo de la Unión Europea y anunciaron una querella criminal o la acción legal que correspondiese por la retirada de palangres calados legalmente. Y desde Puerto de Burela equipararon a Greenpeace con «los grupos piratas organizados que atentan en alta mar contra buques», una actuación que censuraron por «unilateral, desproporcionada y carente de legalidad».

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El mes que viene se retomarán en el seno de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) los debates para pactar un tratado que regule las aguas internacionales: el conocido por BBNJ, por sus siglas en inglés. Greenpeace, entre otras organizaciones ecologistas, quiere que esta cumbre sea la definitiva y salga de la misma una regulación pesquera para aguas internacionales porque, a su criterio, las organizaciones regionales de pesca (ORP) no lo están haciendo bien. Para llamar la atención sobre esa necesidad, la oenegé ha decidido «confiscar» —término empleado por los conservacionistas— parte del aparejo de dos palangreros de superficie, ambos gallegos, y demostrar así los desmanes «de la pesca industrial y su impacto en el ecosistema». «Horrores» que consistirían en capturar con un aparejo legal —admiten— tiburón azul (quenlla o tintorera) y pez espada —especies permitidas las dos—, en aguas internacionales, en las que ambos barcos estaban autorizados a faenar.

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