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Aventura bajo las frías aguas de Arousa

Carlos Portolés
Carlos Portolés RIBEIRA / LA VOZ

SOMOS MAR

MARCOS CREO

La inmersión lúdica es una actividad con más de treinta años de tradición en la ría

18 oct 2022 . Actualizado a las 04:49 h.

Desde que en la década de los noventa se abriera en Vigo el primer centro de buceo recreativo, la actividad ha sido una de las opciones lúdicas más apetecibles para turistas y vecinos con ganas de disparar sus niveles de adrenalina o de entrar en comunión con las profundidades del mar.

A pesar de que la temporada estival es la que, por condiciones meteorológicas, más se presta a practicar este deporte, en Barbanza hay lugares que ofertan el servicio durante todo el año. No obstante, sumergirse en la ría arousana en pleno mes de octubre es una actividad reservada para los más aventureros (o, si acaso, temerarios). Según manifiestan algunos instructores, las duras condiciones del agua de la ría arousana pueden llevar al borde del colapso a personas que no estén debidamente preparadas e instruidas.

Sin embargo, lo que para muchos puede ser un inconveniente para otros es una oportunidad. Precisamente, estas condiciones son las que hacen que la zona de Barbanza sea una de las preferidas de aquellos que quieren curtirse en la disciplina de la inmersión. Aunque parezca una ímproba tarea hercúlea, acostumbrar el cuerpo al gélido látigo de las aguas de esta zona hace mucho más fácil la adaptación en cualquier otra parte del mundo, cuyas dificultades languidecen para quien ya haya probado previamente las exigentes mareas barbanzanas. Galicia es la mejor escuela para aquellos que quieren ir más allá. Dominar los secretos y las técnicas de esta complicada disciplina que tanto interés suscita. Al menos, esa es la tesis de los que se dedican a esto.

MARCOS CREO

José Manuel Fernández es instructor de buceo en Palmira Scuba, empresa de A Pobra que lleva más de 28 años ofreciendo cursos y actividades bajo el agua. Asegura que existe toda una tradición de familias adeptas desde hace generaciones a la práctica del submarinismo. «Todo esto empezó hace unos treinta años. Se popularizó en los noventa. Ahora estamos recibiendo a algunas personas que son hijas de esos primeros buceadores que se apuntaron en su día a los cursos», explica.

Invención estadounidense

Fernández también cuenta que, como tantas otras cosas, esto de la inmersión con fines recreativos es una invención de los estadounidenses. Los primeros instructores a los que se les ocurrió democratizar la actividad enseñando a aficionados sus secretos y técnicas fueron unos antiguos miembros de los Navy Seal —célebre grupo de operaciones especiales del ejército norteamericano—. Desde entonces, se ha ido extendiendo por todo el mundo, y ya son miles los destinos turísticos que ofrecen expediciones de este tipo. Del Caribe a Tailandia pasando por Galicia.

Y aunque los más cautos siguen teniendo sus reservas, es mucho más seguro de lo que se piensa. A medida que se ha ido implementando y perfeccionando, cada vez son mayores las garantías y los estándares exigidos. Para un absoluto neófito que acuda a lo que se llama un bautizo de apenas una hora bajo el agua, lo normal es que se le impartan previamente nociones teóricas básicas durante, por lo menos, dos horas. Es decir, la preparación dura el doble que la propia inmersión —esto solo aplica, claro está, a aquellos que nunca antes habían llevado un equipo de inmersión a la espalda—.

En Barbanza, también se puede disfrutar de una jornada submarina en la zona de Ribeira. El centro de buceo Hydronauta lleva desde 1998 en el sector. El instructor Jacinto Pérez explica que ofrecen actividades para una amplísima horquilla de edades. Desfilan por sus instalaciones personas de los 20 a los 70 años.

Aunque, en ocasiones, vienen con un ímpetu que debe contenerse. «Tenemos que frenar a mucha gente que nada más llegar ya quiere tirarse al agua. Primero tiene que haber un aprendizaje. El buceo es sencillo, solo hace falta no tenerle miedo al agua. Pero es como montar en bici, lo importante es no salirse de los límites marcados», narra el ampliamente curtido Jacinto Pérez a la hora de hablar sobre esta actividad.