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Villa de Pitanxo: Pruebas dinámicas y realidad

José Vicente Domínguez CAPITÁN DE PESCA Y MARINA MERCANTE

SOMOS MAR

CAPOTILLO

06 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando el pasado día 2 me encontré con la noticia de que la Ciaim (Comisión de Accidentes e Incidentes Marítimos) había propuesto la construcción de una réplica del Villa de Pitanxo para, en un canal hidrodinámico, recrear una tormenta y las condiciones que pudieron causar el hundimiento del pesquero, me pareció una decisión acertada aunque tardía.

No había necesidad de herir sensibilidades ante quienes defienden la necesidad de bajar al pecio y aquellos que, por razones ignotas, han rechazado tal idea. Quienes hemos tenido oportunidad de conocer cómo operan los canales de pruebas (Aberdeen, Grenoble o El Pardo), somos conocedores de cómo se puede reproducir con bastante exactitud una situación a escala y extrapolarla a la realidad. Por ello, repito, considero un acierto la propuesta de la comisión para hacer la simulación de las causas del naufragio.

Sin embargo, lo que difícilmente se podrá conocer por medio de una simulación en un canal de pruebas, son las verdaderas carencias de seguridad que pudieron haberse producido como consecuencia de factores internos y externos que finalmente condujeron al hundimiento del barco.

Si partimos de la base de que un arrastrero de las características del Villa de Pitanxo —aún en las circunstancias de temporal existentes— en condiciones de estabilidad razonables no se hunde si no entra agua en su interior, creo que lo más importante a averiguar es si, en la maniobra de virada de la red, en medio de un fuerte temporal, se tomaron las medidas necesarias de seguridad. La pregunta entonces sería: ¿Puede una simulación conocer si tales premisas de seguridad se cumplieron, más allá de meras teóricas consideraciones? Vuelvo a decir que la decisión de hacer una maqueta y someterla en un canal a diferentes condiciones de temporal, maniobrabilidad, escora y tracción de los cables del aparejo, supuesta parada de máquina, etcétera, en base a las noticias y contradicciones existentes, puede que sean de ayuda ante la negativa de bajar al pecio. Pero aquí surge una nueva pregunta: ¿Por qué no se baja al Villa de Pitanxo, cuando existen informes y experiencias que garantizan su viabilidad?

Quiero dejar constancia de que mi planteamiento se aleja de apriorismos acerca de responsabilidades personales si las hubo. En diferentes intervenciones mías en este medio, como profesional de la mar, siempre he tenido la precaución de decir que, para saber si había que actuar de una u otra manera, había que estar allí. Pero eso no quita que todos aboguemos para llegar al fondo de los hechos y tratar de aproximarnos a las causas del trágico hundimiento lo máximo posible.

En un canal de pruebas se pueden hacer ensayos en base a diferentes suposiciones que nos conduzcan a un algoritmo matemático. Pero nunca dejarán de ser suposiciones, quedando en el aire otras razones perfectamente contrastables si se baja al pecio. Se me ocurren algunas: ¿Hubo embarre del aparejo o la fuerte tracción se produjo por una copada extraordinaria? ¿Estaban cerrados los compartimientos estancos como puertas de acceso a habilitación, compuerta de entrada al pantano, trancaniles de desagüe del parque de pesca, puertas de bajada a la sala de máquinas y generadores...? Y las compuertas que hacen de rompeolas de la rampa, ¿estaban colocadas?

Y, por supuesto, con el corazón en la mano, sería conveniente saber si los tripulante desaparecidos estaban en cubierta, en el parque de pesca, en la sala de máquinas o en sus alojamientos... Estoy convencido de que si a la bajada al pecio para conocer las razones expuestas se le añaden las enseñanzas que sin duda nos proporcionará una simulación en canal, podríamos acercarnos a la realidad de las causas, reformar los protocolos existentes y evitar que se produjesen tan grandes desgracias en similares circunstancias.