Limpieza antes de la siembra: el largo proceso del cultivo del mar

Las mariscadoras de A Illa sacaron muchos residuos de las dos playas en las que depositaron una cría de almeja que tardará aproximadamente año y medio en alcanzar talla comercial

El marisqueo es un trabajo duro. Tiene sus ventajas -cualquiera que se dedique a ello cantará sus alabanzas- pero también exige mucho más de lo que a simple vista se ve. De ello pueden dar cuenta, hoy más que nunca, la treintena de mariscadoras de A Illa que ayer dedicaron la mañana a trabajar en las playas no para sacar un beneficio inmediato, sino para intentar garantizar sus ingresos futuros. Y es que durante varias horas, las integrantes de la agrupación de a pie se enfundaron la ropa de trabajo y salieron a sembrar marisco. Pero antes de poder acometer ese trabajo, tuvieron que hacer frente a otra labor: limpiar las playas en las que iban a depositar el millón y pico de unidades de almeja babosa que tenían preparadas.

Así que, divididas en grupos, las mujeres dedicaron buena parte de la jornada a retirar de su hermosa oficina todo aquello que no debería estar allí. Como suele ser habitual en estas ocasiones, encontraron objetos variados, como neumáticos: una cantidad desorbitada de ruedas que fueron trasladadas en el vehículo de los vigilantes a los contenedores situados en las inmediaciones de la lonja. Plásticos de todo tipo, restos del laboreo de las bateas y envoltorios dejados a su suerte entre la arena desfilaron en las manos de las mariscadoras, que tuvieron que dejar atrás una enorme viga de batea que tendrán que retirar con una grúa.

Con ese trabajo realizado, llegó por fin la hora de realizar la siembra de la cría de almeja. Una acción cada vez más imprescindible a la hora de garantizar que los bancos marisqueros sigan generando riqueza en la ría de Arousa. En esta ocasión se sembraron, quedó dicho, más de un millón de unidades de almeja babosa -supone una inversión de 30.000 euros- una especie autóctona que alcanza buenos precios en el mercado. Tenían un tamaño de entre 15 y 18 milímetros, así que aún deberán crecer mucho antes de llegar a los 38 milímetros establecidos como talla mínima para su extracción. Ese proceso, estiman desde la cofradía de A Illa, les llevará entre 15 y 18 meses.

Los trabajos realizados ayer por las mariscadoras son solo una parte de las labores que deben realizar las integrantes de este colectivo. A ellas les corresponde limpiar los bancos marisqueros de algas y depredadores. Y vigilar, también, a los furtivos que no entienden que el mar es de todos, pero que el marisco tiene dueñas. Cada verano, las mariscadoras de A Illa se ven obligadas a explicarles esa realidad a los furtivos de bañador.

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