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«Ninguén quere que os seus fillos vaian para o mar; no mar pásase moito frío»

Rosa Estévez
rosa estévez A ILLA / LA VOZ

SOMOS MAR

Martina Miser

Sita Castro adoraba su trabajo, pero desde que se jubiló esquiva la playa

25 sep 2021 . Actualizado a las 04:45 h.

Se recuerda siendo una niña -«Que tería eu, dez anos?»-, cargando con baldes repletos de caramuxos. «Antes vendíanse moito. Iamos buscalos ao Carreirón e traiámolos ata As Laxes, onde está agora o centro de saúde. Alí non había máis que cons e galiñeiros, pero era onde se poñían os compradores», narra, sumergida en sus recuerdos, Luisa Castro. Sita -así se la conoce en A Illa- asegura que estar sentada comiéndose un buen puñado de estos caracolillos marinos es uno de los mejores recuerdos que guarda de su infancia. Una niñez dura, «de pouca escola» y mucho trabajo. «Pola mañá, ía para a seca. Pola tarde, para a fábrica», relata. Y aunque en la conservera ganaba más, si había seca de tarde, ella se iba a la ribeira a coger marisco. «Encantábame», dice. Y repite la palabra, como si estuviese paladeando aquellas jornadas de trabajo con los pies en el agua y la brisa en la cara, en las que le bastaba echar un vistazo a la forma del terreno para saber si debajo de la arena había, o no, premio.

«Non o boto de menos, nada», aclara ella con esa rotundidad con la que habla. De hecho, confiesa que desde que se jubiló, hace ya unos años, no ha vuelto a pisar la playa más que cuando se ve obligada por su condición de abuela. «A min a praia gustábame para traballar. Iso si. Pero nin para pasear nin para outra cousa... Este verán nin fun mollar os pés», afirma soltando una carcajada. Y aún así, no le gusta la imagen romántica que se vende de su trabajo. Porque el marisqueo, o la pesca, son trabajos duros. Bien se ve: cada vez hay más dificultades para encontrar relevo generacional. «A xente non quere que os seus fillos vaian ao mar; no mar pásase moito frío, tes que gañar das risas para as choras, e cada vez é máis difícil gobernar a vida», señala.

Mal rumbo

Ella, que mil veces ha declarado su amor por el trabajo gracias al que construyó su vida, confiesa que «se eu fora unha moza, agora, non sei se lle vería moito futuro a ir traballar para a praia». Cada vez hay menos producto en la ría eso no lo cura ni los altos precios que está teniendo el marisco. «Pensas que se pode gobernar unha casa collendo dous quilos de ameixa babosa ou cinco ou seis de rubia?», pregunta.