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El parque acuático de Samil producirá 90 toneladas de CO2 al año

Antón lois AMIGOS DA TERRA VIGO@TIERRA.ORG

SOMOS MAR

El coste climático que tendría el proyecto anunciado esta semana por el alcalde es considerable

12 sep 2021 . Actualizado a las 10:29 h.

Esta semana nos ofreció un ejemplo de la errática política municipal en Samil. Por una parte, una buena noticia: la recuperación de una pequeña parte de su extremo norte. Insuficiente y sin nada que ver con el proyecto ministerial avalado por la Universidad, con un retranqueo manifiestamente exiguo al mismo tiempo que se amplía el ancho del paseo, y se sigue cementando y ajardinando el litoral, pero al menos un paso en la dirección correcta pues en la misteriosa lotería que decide qué concesiones siguen y cuáles no en este caso tuvimos suerte y se retiró el Camaleón.

Simultáneamente, llega el anuncio en dirección contraria: la instalación de un gran parque acuático en las piscinas. Analicemos el coste climático de ese parque, aunque con cálculos estimativos al no existir proyecto alguno. Un parque acuático utiliza una media de 100.000 metros cúbicos de agua en sus meses estivales de operatividad. Bombear esa cantidad requiere un enorme coste energético. Aplicando las matemáticas, bombear 1.000 litros por segundo (equivalente a lo que soltarían las atracciones a pleno rendimiento) desde un punto de extracción situado a unos 500 metros de distancia, contando con la bajamar y que las bombas no succionen a algún bañista, y a unos 20 metros de desnivel requiere aproximadamente 1.000 kw. de potencia. A esto, añadamos las bombas secundarias de presión para los cañones de agua, los adornos con chorros hipodérmicos y las cortinas de agua que duplicarían el total. No olvidemos la energía para sistemas de depuración electrolíticos y limpieza de filtros. Nuestro parque consumiría el equivalente a la energía necesaria para suministrar agua a 10 edificios. Estimando ocho horas de funcionamiento diario durante los meses de verano, el prodigio se traduciría en la emisión de unas 90 toneladas de CO2 anual equivalentes. Conviene señalar que al estimar el impacto ambiental, partimos de la creencia de que funcionará con agua del mar. Si fuera con agua dulce sería mucho peor. Lo de menos es el coste económico, pues para la emergencia climática y el déficit ecológico de este planeta resulta irrelevante el superávit municipal, lo importante es el negacionismo de la emergencia climática implícito a ese proyecto que pone otro clavo en el ataúd de regenerar Samil.

Pero el parque acuático no depende solo del Concello: necesita permiso de otras administraciones. Anunciaba el alcalde que el pasado martes ya se había enviado la solicitud de autorización a Xunta y Ministerio de Transición Ecológica para agilizar los trámites. Es llamativo que se solicite autorización antes de tener un proyecto que autorizar, pues en la misma rueda de prensa dijo el Concello que va a empezar la tramitación para adjudicar la redacción del proyecto. Cuesta entender cómo se puede solicitar permiso para algo sin más contenido que una idea, sin análisis de afección al espacio público marítimo-terrestre, medidas y superficies, espacio construido, canalizaciones y sistemas de tomas de agua, depuración y vertido y zonificación de las mismas, impacto ambiental, etc. ¿Cómo se puede autorizar algo así?