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El trágico naufragio del balandro Cisne

ramón garcía filgueira

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El balandro cisne
El balandro cisne

CRÓNICAS DE ANTAÑO | Sus cinco tripulantes, todos de Corme, quedaron sepultados por la bravura del mar en 1925

26 jul 2021 . Actualizado a las 04:50 h.

El sábado 21 de febrero de 1925 un fuerte temporal azotaba la costa vizcaína. A eso de las cuatro de la tarde, cuando el balandro Cisne navegaba con muchas dificultades en el Abra de Bilbao intentando ganar la bocana del puerto, y viendo la imposibilidad de lograrlo, fondeó las anclas, pero todos los esfuerzos por parte de la tripulación resultaron inútiles: el buque siguió garreando hasta que fue lanzado contra el rompeolas de Algorta, quedando destrozado rápidamente. Salieron el vapor de los Prácticos y el remolcador Ariz-Mendi para intentar auxiliar a la tripulación, pero el temporal que seguía arreciando y la oscuridad de la noche les hizo abandonar el rescate. Sus cinco tripulantes quedaron sepultados por la bravura del mar. La dotación estaba formada por el patrón Francisco Vidal Souto (hijo de uno de los propietarios), Fernando Pombo, el joven Julio Vidal Souto (hermano del patrón), José Chans y Francisco Mosqueira, todos vecinos del puerto de Corme. Los restos del balandro fueron apareciendo diseminados por la playa de Ereaga. A los cuatro días apareció el cadáver del señor Mosqueira y el 16 de marzo apareció otro cuerpo.

Si tuviesen otra propulsión

Muchas muertes se hubieran evitado si este tipo de embarcaciones dispusieran de un medio de propulsión como auxiliar de la vela, para realizar con buen fin las entradas y salidas de los puertos, así como en las grandes calmas. Fue abierta una suscripción por el diario El Orzán para las viudas y huérfanos de las víctimas del naufragio, habiendo recaudado la cantidad de 1.066 pesetas. El buque procedía del puerto asturiano de Avilés con un cargamento de 120 toneladas de carbón. Uno de los propietarios, José Vidal Pombo, que anteriormente había ejercido el mando del mentado balandro, tenía en su domicilio en el puerto de Corme una línea directa de teléfono con la estación telegráfica de Ponteceso, donde se emitían los telefonemas. Se comenta en el pueblo que la primera noticia recibida fue la del siniestro del barco de su propiedad y la pérdida de dos de sus hijos, trauma que le acompañó hasta el final de sus días.

En noviembre de 1913 ya había pasado una situación semejante pero con final feliz: salió el día 5 del puerto de Gijón con destino al puerto de Santander. El tiempo era bueno. Al día siguiente, a eso de las nueve de la mañana, cuando iba a abocar la entrada, la fuerte corriente de marea dificultaba la maniobra para franquear la barra y efectuar la virada con seguridad. Después de intentarlo tres veces desistió y se aguantó proa a la mar en la ensenada del Sardinero. A eso del mediodía empezó a soplar fuerte viento del cuarto cuadrante, con cerrazón y mucha mar: el patrón decidió arriar la mayor quedando con la mesana y el foque con proa a la mar. Después de una tarde de penurias y casi a palo seco izaron el único aparejo que le quedaba, una vez rebasado el cabo Quejo, navegando con el redondo casi a la vía. Empezaron a poner en orden los destrozos que la mar le había ocasionado y sobre las nueve de la noche quedaron fondeados en el Abra de Bilbao. La tripulación estaba compuesta por el patrón-armador José Vidal Pombo, Andrés Vidal Pombo (hermano del patrón), Eusebio y Manuel Vidal (parientes del patrón), todos vecinos del puerto de Corme.