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La apertura de la Torre y O Roncudo llenan el Muro de percebe de extraordinaria calidad

E. A., T. L REDACCIÓN

SOMOS MAR

Israel Martínez

El kilo de las mejores piezas alcanzó los 120 euros y los últimos lotes se vendieron a 70 euros

22 jul 2021 . Actualizado a las 04:45 h.

A Israel Martínez, subastador de la casa Paco Moinelo, le extrañaba ayer que no hubiese disparos de flash ni focos de cámaras de televisión capturando el espectáculo de percebe que tenía desplegado a sus pies en la sala de subastas de la lonja del Muro, en A Coruña. Kilos y kilos de crustáceo de extraordinaria calidad, color, grosor y tamaño, consecuencia, decía, de una coincidencia que hacía al menos un par de años que no se producía: la apertura de las áreas de extracción de la Torre (de Hércules) y la de las mejores piedras de O Roncudo (Corme), cuyo fruto se suele subastar en el parqué herculino. Ambas zonas están consideradas como de las mejores de Galicia por la calidad del producto, al tratarse áreas expuestas al mar y muy batidas por el oleaje que propician un buen crecimiento del crustáceo.

Es esa una sincronía que no se producía desde hacía al menos dos años. Ese es el tiempo que llevaba cerrada el área de la Torre. Como O Roncudo, suele reservarse para temporadas de gran demanda, como Navidad o verano. Pero si en las piedras de Ponteceso consiguieron trabajar algunos días, en la Torre los percebeiros no lo hicieron el año pasado, por la pandemia, ni el anterior pero porque el mar lo puso más que difícil, imposible, para faenar. Los compradores sí supieron aplaudir el espectáculo que tenían delante. Lo hicieron con euros. Ofreciendo hasta 120 euros por el kilo de los mejores percebes que se pusieron a subasta. Setenta pagaron por los últimos lotes. «No son los que alcanzan en Navidades, pero sí precios muy buenos, de los mejores del año», explicaba el subastador coruñés.

Martínez calculaba que, del mejor, del más extraordinario, se habrán subastado unos 200 kilos. En O Roncudo, los 30 percebeiros que trabajaron consiguieron reunir el cupo de 6 kilos.

¿El destino? Como algún gordo de Navidad: «Muy repartido». Lo compraron para llevarse a Madrid y Barcelona, sí, pero muchos kilos se fueron para los buenos restaurantes de la zona e, incluso, hubo partidas importantes que se adquirieron para vender en la plaza de Lugo, a escasos metros de la lonja del Muro, y a Carballo.