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Bruselas reafirma su veto a la entrada de bivalvos del Reino Unido sin depurar

e. abuín REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

MARTINA MISER

Recalca que se trata de un país tercero y como tal debe tratarse

19 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La Comisión Europea ha frustrado las esperanzas de las empresas comunitarias importadoras de bivalvos de poder seguir adquiriendo marisco en el Reino Unido sin depurar, para someterlo a ese proceso en el país de destino, empaquetarlo y comercializarlo. Bruselas ha dicho tajantemente que no. Que desde el 1 de enero pasado, el antiguo socio es considerado un tercer país a todos los efectos y, por tanto, las normas de la UE en el ámbito de la salud pública y animal ya no se le aplican -a excepción del territorio de Irlanda del Norte-, sino que se tratan como importaciones de terceros países.

Antes de la desconexión, cuando el Reino Unido formaba parte de los Veintiocho, podían importarse mariscos sin tratar procedentes de zona B -con una carga de contaminación microbiológica suficiente como para necesitar depuración antes de su consumo por parte del publico-. Y eso sigue siendo posible si se trata de bivalvos que llegan de Francia, Italia, Portugal o cualquier otro país comunitario, pero no ocurre así en el caso de terceros países, como es el caso del Reino Unido.

«Estas reglas no son nuevas y se aplicaban a todos los terceros países ya antes de que el Reino Unido abandonase la UE», recalca la DG-Sante (Dirección General de Salud) en su respuesta al Consejo Consultivo de Mercados y Acuicultura (MAC), que llamaba la atención sobre las dificultades que tienen las empresas británicas para exportar -pues no tienen capacidad depuradora- y las empresas comunitarias para abastecer de producto de «alta calidad» al mercado comunitario, a la vez que mantiene el empleo en depuración y empacado del marisco.

El Ejecutivo comunitario discrepa con lo que apunta el Consejo Consultivo cuando alude al británico como producto de alta calidad, pues proceden de zona B y, por tanto, proviene de un área «mucho más contaminadas que las zonas A, de las que sí se pueden importar normalmente, dado que no requieren depuración antes de llegar al mercado.

Por tanto, «la Comisión no tiene intención de revisar las normas que se basan en el principio general de que solo se pueden importar en la Unión alimentos que cumplan plenamente las normas de la UE. Esto es lo que garantiza el suministro continuo de productos de marisco de alta calidad en el mercado de la UE», remacha en su contestación.

Sin equipos

Como en Galicia, la mayor parte de las zonas de producción de marisco británicas están calificadas como zonas B. Solo que mientras en la comunidad gallega existe una industria especializada en su tratamiento y depuración, en el Reino Unido, el sector no está suficientemente equipado e incluso carecen de conocimiento experto para hacerlo.

Según el órgano consultivo, las compañías británicas tendrían que realizar fuertes inversiones, del orden de un millón de libras, para adaptarse y cumplir las exigencias legislativas de la UE. También salen perdiendo las empresas comunitarias, dice el MAC, dado que si los bivalvos vivos se importan ya purificados tienen un rango de supervivencia menor que si llegasen sin depurar. Así, no pueden ser de nuevo reimplantadas en las depuradoras de destino sin hacer una modificación en las plantas para desinfectar las aguas efluentes. Eso, sin olvidar que depurar en la UE se traduce «en puestos de trabajo y la adquisición de valor añadido dentro de la UE». Por tanto, aumenta los costos y disminuye la cantidad y calidad de los productos importados, argumentaba el MAC para solicitar poder seguir trayendo marisco británico como si este país siguiese en la UE.

La Consellería do Mar manifestó su rechazo a la exportación directa de mariscos

Cuando supo que el Consejo Consultivo de Mercados y Acuicultura había pedido a Bruselas el visto bueno para importar moluscos del Reino Unido sin depurar, como si no hubiese habido un brexit de por medio, la Consellería do Mar hizo llegar a esa entidad su rechazo a la propuesta. A criterio de Rosa Quintana, esa autorización «podría crear serias distorsiones en el mercado europeo, tanto para el sector producto como para el transformador y el comercializador, pues no existiría un trato equitativo entre los productos comunitarios y de importación». Es decir, que se rompería ese level playing field por el que claman los operadores europeos para garantizar el libre comercio y la unidad de mercado en un marco de competencia leal.