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a. buíncas REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

El Ángeles Alvariño pudo verse navegando en aguas de A Mariña a finales del pasado mes de abril, momento al que corresponde la imagen
El Ángeles Alvariño pudo verse navegando en aguas de A Mariña a finales del pasado mes de abril, momento al que corresponde la imagen JOSÉ PINO

El asesinato de Anna y Olivia ha puesto en primer plano a un barco de la flota del Instituto Español de Oceanografía y acercado a la sociedad el trabajo de su plantel de investigadores

29 jun 2021 . Actualizado a las 20:12 h.

Ha tenido que ocurrir una desgracia como la de Tenerife, un horripilante caso de filicidio y violencia vicaria que conmocionó a toda España, para que toda España descubriese a Ángeles Alvariño. A la científica ferrolana y al buque oceanográfico que lleva su nombre. Y, de paso, trascendiese que, en investigación en ciencia marina, el país es toda una potencia, de lo más avanzada en cuanto a recursos tecnológicos y humanos. Descubriese que la tripulación a bordo habla gallego, porque el barco es de Vigo y quienes lo operan son vecinos. Y se percatase de que tras el manejo de esa maquinaria, sacando conclusiones están los científicos y técnicos del Instituto Español de Oceanografía (IEO), aún en crisis de identidad tras su conversión en centro nacional adscrito al CSIC.

Porque el involuntario salto a la fama del Ángeles Alvariño por la búsqueda de Anna y Olivia poco tiene que ver con su cometido habitual, que es la monitorización de los ecosistemas marinos, de sus recursos, del hábitat, de las zonas vulnerables...

De hecho, su silueta ya era antes bien conocida en Canarias por sus propios quehaceres, solo que antes se paseaba sin tanto foco. Su habitual estancia en el archipiélago responde a que es una herramienta fundamental en una investigación que se presume única en el mundo, como es el estudio de la evolución del volcán Tagoro, en El Hierro, y su entorno.