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El buque Alfageme se oxida en la rotonda

Luis Carlos Llera Llorente
luis carlos llera VIGO / LA VOZ

SOMOS MAR

La falta de mantenimiento deteriora el histórico pesquero de 1944, el último que se hizo con remaches y que Caballero implantó como adorno en la glorieta de Castelao

18 jun 2021 . Actualizado a las 01:59 h.

Es una joya de la construcción naval de Vigo y se está oxidando a chorros. El Bernardo Alfageme es el último barco de altura que se construyó con acero remachado antes de que se impusiese la moderna soldadura. «Es un buque especial», señala José Antonio Landesa, que trabajó durante años en la forja y que ve cómo los regueros de óxido corroen la chapa que desafió los temporales en el hostil Mar del Norte y que ahora soportan los inviernos de Vigo en una rotonda expuesta a los vientos cargados de salitre. Este vecino de Coia es uno de los que están preocupados por el estado de la histórica embarcación que se botó en el astillero Hijos de J. Barreras. «Tendría que restaurarse», señala este profesional que ha trabajado con metales toda su vida y que sostiene que «tener un barco en el césped no es lo más adecuado, debería estar en un lago... Y falta el ancla», apostilla.

José Muñoz, otro vecino y dirigente vecinal, cree que «lo lógico sería llevarlo al Museo del Mar, con otros bienes que deberían también trasladarse allí». Pero ese debate lo cerró Abel Caballero hace seis años, cuando forzó su colocación en la glorieta de la avenida de Castelao antes de obtener una arrolladora victoria en las urnas.

Una vez instalado, llevárselo de nuevo a otro sitio resultaría costoso y complicado, y nadie lo ha reclamado oficialmente. Montar el barco en la rotonda obligó a la reforma de un espacio que antes estaba lleno de vegetación y en el que se oían los trinos de centenares de pájaros de un oasis ubicado entre el tráfico de miles de coches. En el traslado desde el astillero donde se utilizó una enorme grúa Doniz. Gracias a la escolta policial los operarios consiguieron colocar de madrugada el barco el 19 febrero del año 2015 después de que los vecinos paralizasen las obras el 4 de diciembre del 2014. Durante semanas hubo protestas y movilizaciones.

El Bernardo Alfageme, de 31 metros de eslora, fue construido en el año 1944 y estuvo en servicio hasta que en el año 1988 fue donado al Ayuntamiento de Vigo. Durante años estuvo abandonado en la dársena de Bouzas hasta que el Concello decidió restaurarlo y le encargó el trabajo al astillero Francisco Cardama. El coste de la rehabilitación del barco fue de cien mil euros, pero los gastos de instalación en la rotonda de la avenida de Castelao y todo lo que conllevó supusieron un millón de euros.

Seis años después, el barco ha sufrido los embates del mal tiempo. «¡Como ahí apenas hace viento...!», ironiza el presidente de la asociación de vecinos Camiño Vello de Coia, José Costas. El barco «necesita capas de pintura y aislamiento porque coge aire por todas las esquinas. Si no quitas el óxido y no lo tratas, el casco se arruina y también se estropea por dentro». Costas recuerda que la asociación no tuvo que ver con las protestas que hubo en su día, aunque algunos vecinos sí participaron en ellas.

Desde la parroquia Cristo de la Victoria se articuló un movimiento vecinal en contra de la instalación del barco en la rotonda. Les parecía un gasto oneroso y superfluo en ese momento previo a la Navidad en el que las colas frente a los servicios sociales eran habituales.

El trabajador social y profesor Diego Lores fue uno de los que participaron entonces en las movilizaciones. Señala que desde la Oficina de Dereitos Sociais de Coia y otros colectivos «estabamos descontentos respecto á situación de moitas familias e non entendiamos que o Concello estivese a desoír á xente que reclamaba mellores políticas sociais». Asegura que el debate no era en realidad barco sí o barco no, sino que constituía una forma de reivindicar un cambio: «Buscabamos poñer o foco no modelo de cidade que queriamos, con vivenda digna e renda básica». Lores, que llegó a ser denunciado y detenido por la policía acusado de pegar a un agente, señala que antes del juicio este retiró la acusación «que era falsa». Ahora, pasado más de un lustro de aquellas intensas jornadas, dice que los miembros del colectivo miran «con moita ledicia o barco porque foi facer comunidade. Nos lembra como actúa o poder. Aquela loita serviu para que o Concello mirase con máis atención as políticas de benestar social», sostiene.

Lo único seguro es que la embarcación lleva ya más de seis años en dique seco y que su deterioro se va haciendo poco a poco evidente.