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Manuel Pérez: «Dúas veces quedei debaixo da lancha e as dúas me salvei, a sorte é importante»

Santiago Garrido Rial
s. g. rial CARBALLO / LA VOZ

SOMOS MAR

ANA GARCÍA

LOBOS DE MAR | Como tantos, este marinero y armador de Camelle empezó en el mar de niño, a los 13 años. Y ha probado todas las artes y modalidades, desde percebeiro al Gran Sol. Ahora tiene una embarcación pequeña

22 may 2021 . Actualizado a las 04:50 h.

Manuel Pérez forma parte de esa larga estirpe de marineros y armadores que con poco más de 50 años ya pueden hablar de cuarenta de ellos en el mar, sin parada, y que han vivido uno o varios naufragios, tanto en carne propia como de algún familiar o algún compañero. Él, por partida doble, lo sufrió en primera persona. Y también puede decir, como muchos afortunados, que pese al peligro y el enorme susto salieron indemnes. Hoy lo recuerda como algo inherente al oficio, mamado desde crío como sus anteriores generaciones, pero a personas menos acostumbradas al mar algo podría suponer un antes y un después en la vida.

Manuel, sin acabar aún la EGB, empezó a los 13 años con su padre y hermanos (son cinco). Muchos Pérez juntos en un tiempo en el que la máxima era sobrevivir. Y crecer. «Con 16 anos xa tivemos un barco máis grande, e logo outro, e logo outro máis...», resume. Crecer no es solo hacerlo en cuerpo y naves, sino también radio de acción. «Empezamos a ir á Coruña, despois a Burela, e a Celeiro... Estariamos así cinco anos», recuerda. En el 87 llegó un pesquero mayor y ya pudieron empezar a ir al Gran Sol, a las Canarias, al Mediterráneo, a una zona próxima a Mauritania... Tanta lejanía se lleva mejor con la juventud, pero cuando cambian las circunstancias vitales uno quiere estar más cerca de casa, así que allá por el inicio del milenio decidió comprar una lancha y salir por la costa más cercana a Camelle, para dedicarse al pulpo, al percebe y a todo lo posible por permisos o temporadas. Ahora mismo, por circunstancias, sale solo, pero habitualmente son tres personas.

Del primer naufragio importante que le tocó de cerca se libró, pero no un hermano suyo, en el Rey Álvarez. Venían del norte y fueron a dar a las proximidades de la Torre de Hércules. Por suerte, sin daños personales. Ya en primera persona los vivió en un par de ocasiones. Concretando: «Dúas veces quedei debaixo da lancha e as dúas me salvei». Saber nadar ayuda, claro, «pero a sorte é moi importante».

 «Había moita escuridade, non se vía nada. Aguantei todo o que puiden, pero pensei: ‘Desta vai’»

Ambos sucesos ocurrieron no muy lejos uno del otro, y con apenas cinco años de diferencia, del 2006 al 2011. Recuerda el primer caso: «Quedei debaixo da lancha e coas nasa a bordo. Había moita escuridade, non se vía nada. Aguantei todo o que puiden, pero pensei: ‘Desta vai’. O problema foi que estaba preso por un pé, non podía subir para arriba. Son momentos difíciles, nos que te acordas das fillas, lémbrome ben. Despois, cando por fin xa chegas arriba, pensas en máis cousas, coma na Virxe do Carme. E ver que en calquera momento podes morrer de contado», señala.

ANA GARCÍA

El otro naufragio que tuvo sucedió en la zona conocida como A Cagada. El anterior fue por la mañana, sobre las 11.00, pero este segundo fue de madrugada, sobre las 4.00, a causa de un golpe de mar fuerte. «Sentino ben. Da primeira vez parecía que non viraba, pero virei, pero desta veu a ola moi forte, pola proa, e aí me fun abaixo», relata. De nuevo, pese a las dificultades de encontrarse bajo el agua en completa oscuridad, consiguió salir a flote. Pero la peripecia no acababa ahí, porque estuvo en medio del mar hasta las 9.00 de la mañana. Era el mes de octubre, y no hacía calor, precisamente. Finalmente, un barco, el Ría de Laxe -cree recordar- lo vio y se acercó para rescatarlo. ¿Qué piensa uno en momentos de tanta dificultad? «En salvarte. Nada máis. primeiro niso, e cando xa estás ben, en moitas máis cousas». Sabe que en su localidad, Camelle, como en otras de la Costa da Morte y del litoral gallego, los naufragios mortales han sido parte de la vida, pero aun así nunca se valoran como tales hasta que llegan.

«Cando foi o do Prestige saímos de inmediato 15 ou 20 mariñeiros a limpar o chapapote»

Este año se cumplirán 19 del desastre del Prestige, que afectó de manera directa a varios puntos de la Costa da Morte, entre ellos Camelle (el museo de Man cubierto de fuel fue una de las imágenes icónicas de aquel accidente). Los hombres y mujeres del mar lo vivieron de manera muy directa casi desde el primer día. Manuel trabajaba en la zona y lo recuerda perfectamente, porque el petróleo empezó a llegar al lugar en el que tenía las nasas, cerca de Arou.

El anacoreta Man de Camelle, con su museo cubierto por petróleo. Semanas después, fallecía
El anacoreta Man de Camelle, con su museo cubierto por petróleo. Semanas después, fallecía JOSE MANUEL CASAL

«A min aquilo colleume traballando no mar, imposible non acordarse», explica. «Había moito medo, porque o que viamos era un desastre, esa foi a primeira impresión», añade. Pero, en vez de quedarse a mirar, decidieron actuar (no fueron los únicos). «Xa dende o primeiro momento en que puidemos co do Prestige saímos de inmediato 15 ou 20 mariñeiros a limpar o chapapote. Antes de nada, porque non podiamos permitir que afectase ao percebe, viviamos diso. Despois, as autoridades avisaron de que ía ser unha empresa a que se ocupase, e paramos uns días». Esas actuaciones fueron fundamentales para limpiar las piedras y las playas. Y también el mar: «Aquí é moi bravo, e barre toda a costa continuamente. Iso tamén afectou moito para ben».

Manuel afirma que todo ha cambiado mucho. «Eu tiven temporadas de non ter fins de semana, nin festivos. De traballar sempre, pero isto xa non é coma antes». Y no solo por la dinámica pesquera: «Isto cambiou demasiado. A pesca, si, pero sobre todo as autoridades, que non nos deixan traballar. Ou máis ben obrigan a traballar como eles queren. E os portos van morrendo por iso, por estas novas normas», se lamenta.