«O prezo do mexillón levaba vinte anos sen subir; non hai sector que aguante»

Opmega subió primero las tablas de industria; ahora les ha tocado a las de fresco


vilagarcía / la voz

«Hai vinte anos, un bateeiro vendía un quilo de mexillón e pagaba un refresco nun bar. Agora, ten que vender tres quilos para pagar ese mesmo refresco». Juan Fungueiriño, el vicepresidente de Opmega, utiliza ese ejemplo para describir la paradoja del mejillón gallego, el producto cuyo precio lleva dos décadas sin moverse. Tras tanto tiempo quieto, a los clientes de la organización de productores no les sorprendió, dicen desde la directiva bateeira, que esta les anunciase su decisión de subir los precios. «Era algo que esperaban», dicen los directivos de Opmega, que hace semanas anunciaron la subida en las tablas de industria y que hace unos días comunicaron por escrito a los compradores de fresco que también iban a actualizar esas tablas.

Era algo que había que hacer, señala Ricardo Herbón, el presidente de la entidad. En veinte años, los costes de producción se han disparado y el de la vida no digamos. ¿Cómo ha logrado resistir el sector? «Moita xente quedou polo camiño», dice Herbón. Cuando antes de una batea podían vivir dos familias, ahora «xa non queda xente que teña media batea. E que só teña unha tamén son poucos», apuntan.

En Opmega no quieren que esta subida de precios sea un paso en el que sus socios se queden congelados durante otros veinte años. Su intención es que el mejillón sea un producto como otro cualquiera, cuyo valor comercial se actualice igual que el de los demás. «Polo menos o IPC», apuntan. Ese es uno de los retos con el que el equipo de Herbón, reelegido hace unas semanas, afronta su nuevo mandato. «O noso gran reto é vender o mexillón cada vez mellor... E cobralo». Tras demasiados años en los que los pagos de los compradores se demoraban, Opmega ha logrado reducir a setenta días la percepción de los ingresos. «E o ideal sería chegar aos trinta días», explican desde la nueva directiva, desde la que reivindican que su organización trabaja ahora con «seguros que nos cubren as ventas».

Para lograr imprimir esos dos cambios en el día a día de los bateeiros, ha sido crucial la alianza alcanzada con Mariscos Antón. Una alianza que, bien lo sabe quien dirige la organización, ha generado un terremoto en el conjunto del sector. Hay quien dice que Opmega ha vendido su alma al diablo, concentrando sus esfuerzos en atender a un único gran cliente -una conocida cadena de supermercados- que acabará por devorarla. Desde la directiva lo niegan. «A nosa carteira de clientes é máis ampla ca nunca», asegura Francisco Castro, el secretario de la organización.

«Os cambios sempre provocan certo rebumbio. Cando algo se move, a xente preocúpase. Pero estaba claro que se seguiamos facendo as cousas coma sempre, non iamos lograr mellorar. Este sector ten que adaptarse aos tempos», apunta Suso Castiñeira, el vicetesorero. Para ello, es necesario tejer alianzas útiles que permitan maniobrar con cierta agilidad y dar salida al mejillón en momentos clave, como cuando se levanta un cierre por toxina demasiado largo. «Iso é algo que este ano demos conseguido grazas ás decisións que se adoptaron. Nós temos que velar polo ben dos nosos socios», apunta Herbón.

Esa adaptación a los nuevos tiempos implica, entre otras cosas, intentar llegar a nuevos mercados en los que el mejillón gallego sea reconocido y valorizado. Con el covid-19, esa exploración ha quedado en suspenso, a la espera de que recuperar la ansiada normalidad. Al mismo tiempo, Opmega explora «novos formatos» para vender su producto. Y es que «mellorar a comercialización» es fundamental, según nos recuerda la vicesecretaria de la entidad, Maruxa Caamaño. «As axudas que recibimos de Europa van encamiñadas a que cheguemos ao mercado final». Por eso el plan operativo de Opmega hace tanto hincapié en la mejora de la comercialización y de la promoción, remacha el tesorero, Manuel Caamaño.

«Hai un problema de produción; houbo bateas que non se completaron»

Para haber sido el 2020 un año tan confuso y tan negro, con el canal de hostelería cerrado, dicen los directivos de Opmega que los resultados de la organización no han sido malos. En todo caso, todos son conscientes de que se ha producido una merma importante en la producción de las bateas gallegas, y las que pertenecen a los socios de la entidad no son una excepción. En ello, explica la directiva de la entidad, han influido varios factores. Por un lado, que «algo está pasando no mar, algo está fallando». Y de nuevo, hacen falta estudios para saber qué es. En ese sentido, Opmega ha solicitado a la Xunta que se retomen los informes de recuento larvario que se realizaban en el Intecmar para dotar al sector de una herramienta que le permita colocar las cuerdas colectoras «no mellor momento».

Pero los colectores significan solo una pequeña parte de la semilla que nutre las bateas: el sector necesita recurrir, como siempre lo ha hecho, a las piedras. Pero eso se ha complicado, al estallar un conflicto con varias cofradías que no quieren a los mejilloneros en las rocas. Los pósitos alegan que dañan el percebe. «O que pasa é que viron que aí hai un recurso que queren explotar. Pero nós tamén temos os nosos dereitos, precisamos da mexilla e non podemos renunciar a ela», sentencian desde la directiva. Confían -o quieren confiar- en que la Xunta siga avanzando en una normativa que permita poner fin a la creciente tensión que se vive en el mar; si no se ataja podría acabar «provocando incidentes graves».

De momento, los efectos del conflicto se traducen en que haya productores que no han logrado aún completar sus bateas. «O ano pasado xa ocorreu», dicen los directivos de Opmega, que indican que eso se nota en los datos finales de producción de las bateas.

A ese problema hay que sumar el de los desplomes que periódicamente sacuden las cuerdas, y de los que también se quiere analizar el origen. Aunque es probable que respondan a un conglomerado de razones, y que no todas tengan solución.

«O Consello do Mexillón de Galicia segue a ser a arma máis importante que temos»

Lina Solla es la primera presidenta del Consello Regulador do Mexillón de Galicia que no procede del sector productor. Para algunas voces, que los bateeiros no presentasen candidatura supuso una renuncia. Opmega lo niega. «Os produtores levabamos moito tempo aí, e chegárase a un punto de estancamento», dicen desde la directiva. Así que había llegado la hora, sostienen, de «probar algo novo. E a nova presidenta, dende logo, é unha muller que ten demostrado a súa capacidade de traballo e de xestión». «Nós estamos dispostos a axudar; tamén lle imos esixir, porque somos conscientes de que o consello segue a ser a arma máis importante que temos para diferenciar o noso produto».

Un sinfín de iniciativas

Opmega tiene sobre la mesa un sinfín de proyectos y líneas de trabajo abiertas. Abarcan los ámbitos más diversos. Está Batéate, un proyecto para dar a conocer el oficio del mejillón a los jóvenes e intentar garantizar el relevo generacional; está una investigación encaminada a revalorizar la concha de mejillón y los residuos generados durante el laboreo del bivalvo; están los estudios sobre toxinas y problemas en la producción... «Son moitas cousas nas que estamos traballando», señala Ricardo Herbón. Tantas y tan variadas, que vuelve a observarse con una claridad meridiana que «como sector que somos, cos nosos números e a nosa importancia, deberiamos ter un centro de investigación» que permitiese buscar soluciones para los muchos retos que se plantean: la renovación y búsqueda de nuevos materiales, el desarrollo de nuevas tecnologías, los estudios y las recogida de datos... Opmega, insisten desde la directiva, está trabajando en muchos de esos ámbitos, pero no lo tienen nada fácil: «A burocracia é terrible. Fai que todo se prolongue de máis».

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