La pasión según algunos armadores y burócratas


Un  artículo publicado en el portal Somos Mar, de La Voz de Galicia, bajo el título La pasión por el oficio que no se aprende en las aulas parece más propio de una revista de poesía. El sector marítimo pesquero, en sus distintos estamentos —empresas, organizaciones sociales y profesionales, administración pública— está sostenido por un conjunto de profesionales formados en diferentes tipos de instituciones docentes.

Resulta sorprendente que desde alguno de esos perfiles técnicos se difundan ideas controvertidas sobre la formación que debe tener o no tener otro colectivo, máxime cuando la formación de los titulados marítimo-pesqueros está bendecida por todos los estamentos oficiales del sistema educativo de este país. Todos saben que en la profesión marítimo pesquera recae buena parte de la mejora de los datos sobre seguridad marítima que nuestro país ofrece durante los últimos lustros, y como consecuencia la vida de miles de profesionales. No debemos olvidar que formación+inspección= seguridad.

De fondo, el artículo tiene relación con el relato promovido por un grupo de armadores que se consideran preocupados por la llamada «falta de relevo generacional». Así, se echa leña al fuego de las últimas reformas aceptadas por las burocracias públicas de Estado y Xunta. La reforma consiste en autorizar el mando de la mayoría de los buques españoles a algunas personas sin la titulación académica y profesional adecuada, como garantía de la seguridad de las tripulaciones, de ser así las actuales escuelas y programas de formación no tendrían razón de existir, escuelas que le cuestan a la sociedad cientos de millones de euros.

Estas opiniones contrarias a la profesión marítimo-pesquera no utilizan argumentos racionales en base a programas de enseñanza, garantías de profesionalidad, legislación internacional o sistemas pedagógicos. Son cosas que no les importan. Se basa en la pasión, en la vocación, en la escuela de la vida. Como si hacer una buena caldeirada fuese un potente salvoconducto.

No queremos decir que esa energía personal de cada uno carezca de importancia a la hora de ejercer su profesión, seas capitán, sacerdote, química o enfermero. Es verdad que serás un profesional mucho más completo si te gusta lo que haces y lo llevas a cabo con más ahínco del necesario. Es indudable. Pero ahí no está el problema. El problema es que revierte el orden lógico de todo proceso de aprendizaje y sitúa a los carros tirando de los bueyes. Un ejemplo, imagínense una persona con formación jurídica aprendiendo su oficio a base de acudir de oyente a juicios laborales, mover papeles en una empresa familiar o a cualquier otro azar del destino. Esa persona, sin titulación oficial, podría ser un magnífico abogado a base de un abnegado amor al oficio y una pasión proverbial. Sería sin duda una magnífica profesional.

Sostener que el carácter legendario de los hombres del mar puede suplir las titulaciones marítimo-pesqueras supone utilizar un argumento de taberna. Y si es desde una óptica de un supuesto elitismo intelectualizado, resulta un insulto clasista y repugnante hacia el alumnado y el profesorado de esas escuelas que se parten la espina para dar lo mejor de sí mismos durante años para después aplicarlo en los puestos de mando de un buque.

En el artículo al que aludimos se echa de menos una visión más objetiva de las condiciones de trabajo a bordo, la realidad laboral de los empleados, los salarios que se mueven en el sector o las condiciones de conciliación de la vida laboral y  familiar, solo por ofrecer una serie de pistas.

Quien opina que la pasión es suficiente para mandar un barco debería preguntarse por qué el sector no es atractivo para la gente joven, a pesar de que nuestro país tiene un desempleo juvenil cercano al 50 %, y por qué chicas y chicos prefieren mirar para otro lado en busca de su futuro. ¿Será que algo hay que cambiar? Eso no, no vaya a ser que alguien descubra la mezquindad de un sector enquistado en las faldas del poder y el dinero fácil de la alegre subvención europea.

Deberían abrir los ojos, preguntar a las personas interesadas, aplicar el método razonable, dejar de confundir el deseo con la realidad y poner las bases para ir cambiando unas relaciones laborales que están en la base del rechazo general a embarcarse como profesionales. Ténganles en cuenta, compárense con otras áreas profesionales, mejoren lo que hay que mejorar y dejen de buscar atajos para reducir costes laborales. Y para pasión, le recomendamos a Bach. Es maravilloso.

Por José Manuel Muñiz Presidente de la Asociación Española de Titulados Náutico-Pesqueros (Aetinape)

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