Del mar a la mesa hay un trecho que no se salva con una frase feliz


Del mar, a la mesa. Así, de forma tan simple y didáctica, la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo pretende definir los acuerdos de la llamada reforma del reglamento de Control Pesquero. Y no está mal como lema, aunque de la mar a la mesa hay un trecho que no se salva con una frase feliz.

Hay dos personajes de la UE que estos días están en el candelero: la eurodiputada socialista Clara Aguilera, ponente del informe sobre el polémico reglamento; y el comisario de Pesca Virginijus Sinkevicius. Y ello por sus intervenciones de mayor o menor calado en el pleno del Parlamento Europeo. El señor Sinkevicius se declaró partidario a ultranza de todas y cada una de las normas emanadas de Ejecutivo comunitario, y la señora Aguilera se mostró a favor de una mayor flexibilidad en el texto que se somete a la aprobación de la cámara. Pero el sector esperaba más, teniendo en cuenta los importantes intereses del país por el que resultó elegida. (Véanse los debates entre las diferentes partes). Y así es cómo la Cámara resolvió el asunto por 439 votos a favor, 190 en contra y 66 abstenciones.

Desde hace más de tres años se están analizando diferentes ideas para corregir los problemas de la sobrepesca (que los hay y no son pocos), centrándose en varios aspectos principales: geolocalización, cámaras de vigilancia, diario digital y notificación anticipada de capturas. Cuatro ideas para evitar la sobrepesca y las perniciosas acciones que lleva parejas: furtivismo y descartes. Y nadie a estas alturas discutirá que tales problemas existen. ¿Existe sobrepesca? Los estudios sobre muestreo poblacional de las diferentes especies revelan una clara disminución en la CPUE (captura por unidad de esfuerzo). Cada vez se necesita más esfuerzo pesquero para conseguir las mismas capturas.

¿Y del furtivismo qué? Pocas dudas existen acerca de tal fraudulenta actividad; y no me refiero a los berberechos, percebes o almejas que algunos puedan coger. Es otro furtivismo a gran escala de quienes incumplen vedas o cupos de pesca. Y en cuanto a los descartes, qué duda cabe de la necesidad de corregir tal mortandad improductiva de especies, poniendo en riesgo la supervivencia de muchas de ellas, destruyendo así el equilibrio ecológico.

Pero es en las soluciones en donde los sesudos responsables comunitarios consiguen que embarren sus aparejos, como los profesionales entendemos por dicho término. Porque, vistos y conocidos los problemas a solucionar, me pregunto: ¿son las cámaras de vigilancia, los diarios digitales o la notificación de capturas previas al desembarque, los instrumentos más útiles para combatir los problemas enunciados? Creo que sería conveniente darle una vuelta a las soluciones planteadas y que el joven comisario Sinkevicius, se dejase de prejuicios e ideas preconcebidas acerca de la pesca y los pescadores.

El mejor control se ejerce en las vías de comercialización de los productos, empezando por las descargas en lonja. Y también considero que, en asuntos tan específicos, países en los que la pesca se circunscribe a las truchas, siluros, carpas y otras especies de agua dulce, deberían apartarse de las decisiones. Tal y como están los equilibrios, con el claro juego de intereses de cada país, los resultados de las votaciones más parecen economicistas que biológicos. Pero, claro, quien paga, manda.

Por José Vicente Domínguez Capitán de pesca y marina mercante

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