La sobrepesca liquida el 70 % de los grandes tiburones en solo medio siglo

Los científicos dicen que 3 de cada 4 familias de estos escualos están en peligro de extinción y las especies oceánica y martillo, al borde de la desaparición


Madrid / Colpisa

La comunidad científica ha lanzado un SOS. Si las autoridades locales, regionales y mundiales no actúan con urgencia y toman medidas para evitar la sobrepesca, los grandes tiburones y sus parientes las rayas habrán entrado en el camino seguro de la extinción. Es la conclusión del primer estudio que analiza la evolución en el último medio siglo y en todo el planeta de las 31 principales especies de grandes escualos, los que tiburones que viven en alta mar. El «alarmante» resultado del chequeo a estos icónicos peces, publicado por la revista Nature y dirigido por Nicolas Dulvy, del departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad canadiense Simon Fraser, ha sorprendido a los propios investigadores. Sabían por análisis parciales previos que la situación era mala, pero no imaginaban que fuera tan «inquietante» como la descubierta. El mensaje no puede ser más claro: «El tiempo se acaba».

Sus hallazgos son contundentes. El primero, que desde 1970 -una fracción de segundo en el reloj de la evolución-, han desaparecido siete de cada diez tiburones que surcaban los océanos hace 50 años; en concreto, el 71%. El segundo, que la potencia depredadora del hombre en cinco décadas fue tal que las tres cuartas partes de las especies de grandes escualos están ahora en riesgo de extinción. Se trata, para ser exactos, del 77%, de 24 de las 31 familias analizadas.

Peces muy vulnerables

La tercera constatación es que para tres familias concretas, los tiburones oceánicos de punta blanca y las dos variantes principales de martillo (común y grande), el grado de amenaza para la supervivencia de la especie es superlativa. La más alta. «Peligro crítico», según la catalogación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Se encuentran en esta dramática situación porque cada una de las tres familias ha perdido al menos el 80% de los ejemplares. La puntilla es que la situación del tiburón oceánico es aún más delicada. Está literalmente al borde de la desaparición. Sus ejemplares son el 2% de los de 1970.

La razón del serio peligro de extinción es doble. Una humana, la determinante, y otra biológica, que ha existido siempre. La humana es la sobrepesca. Greenpeace calcula que se capturan anualmente unos 100 millones de ejemplares de las algo más de mil variantes de escualos que hay. El principal factor del expolio es la pesca comercial, en la que España es una de las potencias mundiales. Explota el lucrativo negocio de la exportación a China y Japón de aletas para elaborar una apreciada y cara sopa, pero también vende su carne y su hígado, con el que se fabrica aceite. A ello se añade la pesca deportiva y recreativa de grandes piezas. Pero el segundo gran agente depredador es el de la pesca accidental. Decenas de miles de tiburones mueren al año sin que nadie buscase su captura. Atrapados en los anzuelos y artes masivas e indiscriminadas. De hecho, el estudio de Dulvy dice que el uso de palangres y redes de cerco o arrastre, que esquilman el mar, se ha duplicado desde 1970.

La razón biológica es que son unos peces «especialmente vulnerables». Crecen con lentitud y se reproducen poco. La sobrepesca les afecta más que a la mayoría de especies y, aunque ahora se tomasen medidas extremas de protección, tardarían décadas en recuperar unas colonias mínimas. «Es un declive peor que el de la mayoría de los grandes mamíferos terrestres. Parecido o igual al que sufre la ballena azul», avisa el director del estudio canadiense. «Los datos revelan un enorme y creciente agujero en la vida de los océanos de consecuencias desconocidas», añade. Por ello reclama «un acción inmediata» para que los gobiernos «pongan coto a la sobrepesca», regulándola con criterios científicos. Un ejemplo es la orden de pesca cero de marrajo dientuso en el 2021 que ha dado España, que concentraba la mitad de las capturas europeas de esta especie en extinción. Unas 350 toneladas el año pasado.

«Hay que crear santuarios marinos. Necesitamos un Tratado Global de los Océanos gestionado por la ONU que proteja el 30 % de nuestras aguas para el 2030. No existe un mecanismo legal para crear santuarios en aguas internacionales y solo alrededor del 3% de los océanos están totalmente protegidos. Hay un fracaso generalizado de la industria y los organismos regionales que, en vez de ceñirse al asesoramiento de la comunidad científica, permiten a la industria pesquera devastar los ecosistemas marinos mediante el uso de prácticas nocivas, a menudo en áreas sensibles que esquilman las poblaciones de tiburones en todo el mundo», asegura Pilar Marcos, coordinadora de Biodiversidad de Greenpeace España. 

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