El sector mejillonero detecta desprendimientos de cría de las bateas

Los productores relacionan este episodio con factores ambientales y los temporales del invierno


Vilagarcía / La Voz

Hemos vivido un invierno feroz. Bien lo saben los mariscadores de distintos puntos de la costa gallega, que han visto arrasadas sus concesiones, o sus parques, a consecuencia de las últimas riadas. Carril es una de las «zonas cero» de este episodio mortal para almejas y berberechos. Los parquistas aseguran que hacía años que no se producía un fenómeno tan rotundo como el que vivimos: tan virulento, dicen, que sus efectos se han notado hasta en la bateas de mejillón. Efectivamente, los productores de este bivalvo que tienen sus viveros en el polígono Vilagarcía A, el más próximo a Carril y a la desembocadura del Ulla, han percibido el desplome del mejillón de la cabeza de la cuerda, la parte superior de la misma. «Varios socios que teñen por aí as bateas nos comunicaron que se lles caera mexillón, probablemente pola auga doce, pero non temos cuantificadas esas cantidades», señalaba ayer Ricardo Herbón, el presidente de Opmega.

Los bateeiros en cuestión reconocen esas pérdidas. Pero, aunque todo el mejillón que se desprende es importante, no son esos desplomes los que los traen por la calle de la amargura. Según explican, en las bateas del Vilagarcía A y, en general, del resto de polígonos del interior de la ría de Arousa, se han producido desprendimientos en las cuerdas de cría, que en parte habrían quedado libres de mejilla tras los últimos temporales: Karim habría venido a certificar una muerte anunciada, que varias voces del sector relacionan con factores ambientales. En estos casos, y dado que los desprendimientos se producen en toda la cuerda, no se puede apuntar a la baja salinidad, pero sí a cuestiones como la turbidez del agua o la falta de luz solar, que habría debilitado al mejillón, dejándolo en condiciones óptimas para que se soltase de las cuerdas con los últimos episodios de mar de fondo.

«Estas si que son unhas perdas importantes», señalaba un mejillonero arousano que ayer invirtió la mañana en revisar las cuerdas de cría de las bateas que trabaja en la parte más interna de la ría de Arousa. Asegura que este es un fenómeno que «cada ano se acentúa máis», quizás porque «cada vez chove máis en menos tempo». Esta misma tesis la esboza Ricardo Herbón, el presidente de Opmega, que considera que las circunstancias ambientales son el factor que explicaría lo que está ocurriendo en el interior de Arousa «pero tamén noutras rías, porque non só en Arousa hai problemas coa fixación da cría», tanto en las cuerdas de las bateas como incluso en zonas de roca. Daniel Formoso, desde Muros-Noia, lo confirma. «É certo que a cría estase a soltar. Algo pasa, está débil», comenta. Pero señala que el problema no es nuevo. «Xa levamos bastante tempo así», destaca.

La pérdida de la cría ya colgada de las mejilloneras es un problema serio para un sector que cada vez tiene más problemas para poder nutrirse de esa materia prima, dados los constantes encontronazos con cofradías de distintos puntos de Galicia. «En cada pedra que hai no mar, andamos sete a collela. E despois morre».

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