Restos de pescado para obtener biofertilizantes para el campo

El instituto AZTI lidera un proyecto para obtener abono con los 5,2 millones de toneladas de residuos que genera la industria pesquera en Europa


redacción / la voz

Por un lado, la industria pesquera europea genera 5,2 millones de toneladas anuales de desechos de pescado, residuos que contienen minerales como el nitrógeno, fósforo, potasio, hierro, cobre o zinc, además de vitaminas y otros compuestos. Por otro, la agricultura europea depende en gran medida (un 80 %) de fuentes externas para el suministro de fertilizantes que emplean en su composición nitrógeno, fósforo, potasio, hierro, cobre o zinc. ¿Captan la conexión? En Neiker, el Instituto Vasco de Investigaciones Agrarias, lo han hecho al vuelo. De hecho, se han puesto al frente de la coordinación del proyecto Sea2Land, en el que participan 25 socios de once países, y que pretende demostrar la viabilidad técnica de la producción de biofertilizantes a partir de varios subproductos de la industria de transformación de pescado.

Ese Del mar a la tierra tiene como objetivo «ofrecer soluciones para producir fertilizantes de base biológica a partir de subproductos del procesamiento del pescado y la acuicultura», explica en un comunicado el instituto tecnológico vasco AZTI.

Ocurre que los abonos que se emplean en la agricultura europea proceden de fuentes fósiles y procesos industriales que requieren grandes cantidades de energía o bien provienen de fuentes no renovables como el fósforo, elemento clave para la agricultura y al que la Unión Europea le ha puesto la etiqueta de material crítico. Y en AZTI parten de la base que se pueden obtener fertilizantes de base biológica con los subproductos de pescado y que ese aprovechamiento, además, «permitiría recuperar 1,8 millones de toneladas de nitrógeno para la agricultura» y que ahora se desperdician.

Varias tecnologías

Para ello probarán a optimizar varias tecnologías, combinándolas incluso: compostaje avanzado, biosecado, concentración y extracción por congelación, producción de algas, pirólisis, tecnología de membranas, extracción de quitina, fraccionamiento termomecánico, hidrólisis enzimática… Todo probarán para dar con biofertilizantes que, además, serán a medida, tanto para los cultivos y condiciones locales como para la exportación.

Porque el proyecto parte de la base de la producción regional del abono biológico en un marco local y circular, mediante «el desarrollo de plantas piloto de demostración que puedan ser replicadas en toda Europa». Así, Sea2Land propone probar más de diez tecnologías en los siete casos de estudio que se abordarán en seis zonas donde el sector pesquero tiene gran peso: el Norte de Europa, el Báltico, el Atlántico, el Cantábrico, el Mediterráneo y el Adriático). De la parte del Cantábrico se encargará AZTI, que también «analizará la sostenibilidad de los procesos y productos desarrollados», explica Carlos Bald, experto en procesos eficientes y sostenibles del instituto vasco.

Con un presupuesto de 8,8 millones, Sea2Land encaja en la estrategia europea que impulsa la bioeconomía como modelo económico del futuro.

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