Alumnos de FP dual se sintieron «mano de obra barata» en pesqueros de Celeiro

Dicen que en las prácticas les encomendaron tareas «que no correspondían, de siete de la mañana a once de la noche»

Alumnos de los ciclos experimentales, en febrero del 2019, cuando visitaron un pesquero de Celeiro
Alumnos de los ciclos experimentales, en febrero del 2019, cuando visitaron un pesquero de Celeiro

REDACCIÓN/ LA VOZ

Por muy reguladas que estén, la realidad de las prácticas de estudiantes en casi cualquier sector genera tantas opiniones y valoraciones como empresas y alumnos participan. La sociedad de armadores Puerto de Celeiro y la Laboral de Culleredo promovieron en el 2018 dos ciclos experimentales de Formación Profesional (FP) dual, uno de máquinas y otro de puente. Según el responsable de esa experiencia en Puerto de Celeiro, solo siguen en la pesca dos de los dieciséis alumnos que acabaron. A los armadores que se involucraron no les salió como esperaban porque pretendían paliar la escasez de patrones y maquinistas creando su propia cantera. Tampoco respondió a las expectativas de los siete estudiantes que superaron el ciclo medio de mantenimiento y control de maquinaria de buques, quienes se sintieron como «obra mano de obra barata» durante las prácticas a bordo.

Asistían a clase en las aulas de septiembre a febrero, y de marzo a agosto les tocaba continuar su formación en pesqueros de Gran Sol. Durante dos cursos, condicionado en el segundo, el año pasado, por la pandemia y sus restricciones. Embarcados con contratos de formación y salarios mensuales, que uno de los alumnos cifra en unos 900 euros, cotizaban a la Seguridad Social y sumaban días de mar hasta completar los que a ellos les permitirían ejercer como mecánico naval. En el otro ciclo, el de navegación y pesca de litoral, los habilitaría como patrón de litoral.

El día a día a bordo

«Indignados» al interpretar que les atribuyen el fiasco en un iniciativa pensada para facilitar el relevo generacional de los mandos, estos siete primeros titulados en máquinas afirman que no renuncian a dedicarse a la pesca y, de hecho, algunos embarcaron o prevén hacerlo. Transmiten sus experiencias como grupo, pidiendo preservar sus identidades por si sus testimonios «pueden repercutir en nuestra vida laboral».

«Nuestras prácticas fueron hacer guardia cada seis horas en las rutas hasta llegar al caladero», dos días de navegación para ir y otros tantos para volver. Ya en aguas de Gran Sol, prosiguen, «nuestro horario era desde las siete de la mañana hasta las once de la noche». Aunque admiten como «cierto que el que tuvo suerte y le tocó un buen jefe aprendió, el que no la tuvo, además de no aprender, trabajó en cosas que no le correspondían».

¿Y cuál era su «cometido como estudiantes de máquinas en prácticas»? Por lo que cuentan, les encomendaron «pasar el aparejo o pinchar anzuelos, además de encarnar o en algún caso hasta largar». Tareas propias de los marineros y, como recalcan ellos, «no para las que las realicemos nosotros, ya que no íbamos a ello», sino a completar su formación como aspirantes a mecánicos navales. Citan otras tareas que «tampoco nos correspondían, como ejercer un cargo de responsabilidad cuando no teníamos titulación y no se nos pagaba por ello».

Se quejan igualmente porque a los profesionales que teóricamente debían tutelarlos durante las prácticas «en ningún momento se les preguntó si nos querían tener a su cargo» como alumnos. Según alguno de ellos «que ahora no continuemos en la pesca no quiere decir que no nos guste, seguimos yendo al mar, pero de momento decidimos seguir formándonos». Y aclaran que «ninguno descartamos la pesca como profesión; tal y como están los tiempos, nadie puede decir que no a un trabajo, porque hay que comer, aunque se pase mal». Eso sí, añaden que en su valoración de la realidad de la pesca han influido vivencias a bordo de aquellos barcos de Celeiro donde no se consideraron tratados como estudiantes en prácticas.

Preguntados sobre la puntuación del ciclo experimental que remataron el año pasado, quien ejerce de portavoz indica que lo puntúan con «una media de 8». ¿Y qué nota le ponen a las prácticas en los barcos?: «Sale una media de 5» sobre 10.

«Empezaron los cursos de FP dual 18, acabaron 16 y solo 2 siguen en la pesca»

S. Serantes / E. Abuín

Fiasco en el proyecto pionero de Celeiro para crear una cantera de mandos

Poniéndoles proa o capeándolos, se han sobrepuesto a tantos temporales que no se arredran ante este que vuelve a poner en peligro su supervivencia. Saben que con los titulados no cabe recurrir a inmigrantes, como hacen desde que la mayoría de españoles escapan del oficio de pescador, obligando a amarrar barcos porque nadie quería tripularlos. Se repite por falta de mandos y se multiplicará en los próximos años, ya que seis de cada diez rondan la edad de jubilación. Visto que la mayoría de alumnos de las escuelas náutico-pesqueras evitan embarcar, los armadores asociados a Puerto de Celeiro, en colaboración con el IES Universidad Laboral de Culleredo (A Coruña), promovieron una iniciativa pionera en España. Diseñaron dos ciclos medios de formación profesional (FP) dual, se volcaron enrolando a los alumnos y les pagaron por aprender ayudándoles con los días de mar que acreditan su experiencia y les permiten ejercer el cargo para el que se prepararon. Ha sido un fiasco.

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